Viajar a gran altitud exige un sistema complejo para garantizar la respiración, ya que el aire exterior es escaso. Un avión comercial utiliza tecnología avanzada para simular las condiciones terrestres y evitar que respirar sea un desafío. Sin embargo, cuando este mecanismo falla, la cabina se empieza a despresurizar. ¿Qué harías si el avión en el que viajas se empieza a despresurizar? Ante esta emergencia, comprender el funcionamiento del aire a bordo resulta clave para mantener la calma.El proceso para mantener el aire respirable y evitar el mal de altura inicia en los motores a reacción. Allí, unos compresores aspiran el aire exterior, lo comprimen y envían una porción, conocida como aire sangrado, hacia el sistema de presurización. Esta fase garantiza condiciones estables para que pasajeros y tripulación disfruten de un vuelo placentero sin sufrir malestares físicos.Este aire sangrado alcanza temperaturas muy altas, por lo cual atraviesa un sistema de refrigeración antes de ingresar a la cabina. Luego, se mezcla con el aire recirculado para ofrecer una temperatura y humedad óptimas. Una vez acondicionado, el flujo constante de aire entra al espacio de pasajeros, logrando que la presión interna aumente hasta alcanzar el nivel adecuado.Para regular este ambiente, unas válvulas de salida ubicadas en el fuselaje permiten el escape del aire. Si la presión sube en exceso, estas válvulas liberan la sobrecarga. Al descender para aterrizar, el sistema reduce la presión hasta igualar la atmósfera del destino, un proceso controlado donde los viajeros pueden sentir que sus oídos se tapan o destapan.Una despresurización, por otro lado, sucede al perder las condiciones normales de la cabina, ya sea por una falla gradual o súbita. Ante una pérdida repentina, el cuerpo resiente la falta de oxígeno casi al instante, provocando síntomas como mareos o pérdida de conciencia. Por ello, la reacción de los sistemas de seguridad a bordo debe ejecutarse sin demoras.A diferencia de las creencias populares, la succión de los pasajeros hacia el exterior no sucedería. Conocer esta realidad ayuda a evitar el pánico y permite concentrarse en las instrucciones de la tripulación.Ante esta falla, las máscaras de oxígeno caen de forma automática. Las y los sobrecargos guiarán a los pasajeros para colocarlas sobre nariz y boca. Mientras los viajeros aseguran su respiración, la tripulación verifica el estado de todos y se comunica con los pilotos. Gracias a su entrenamiento, el personal mantiene la calma para asistir a quien lo necesite.Para restablecer un entorno seguro, los pilotos inician un descenso rápido y controlado hacia una altitud más baja, donde la atmósfera resulta más densa y respirable. Durante esta maniobra, la tripulación mantiene contacto continuo con el control de tráfico aéreo. Estos especialistas guían la aeronave hacia el aeropuerto más cercano para ejecutar un aterrizaje de emergencia.Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsAppFF