Cuando una estrella muere, normalmente pensamos en el final de un sistema planetario. Sin embargo, el universo puede tener una segunda oportunidad para construir mundos: un equipo internacional de astrónomos encontró evidencias de un planeta que aparentemente se habría formado a partir del material expulsado por una estrella durante su muerte.El posible planeta orbita una enana blanca, el núcleo extremadamente denso que queda cuando una estrella similar al Sol agota su combustible y expulsa sus capas exteriores. Si las observaciones son confirmadas, se trataría del primer ejemplo conocido de un planeta de segunda generación alrededor de este tipo de remanente estelar.El estudio, liderado por la Universidad de Warwick, en Reino Unido, y con participación de investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), fue publicado en la revista Nature Astronomy. El hallazgo abre una posibilidad extraordinaria: que algunos planetas puedan nacer después de la muerte de la estrella que alguna vez dominó su sistema.Los planetas que conocemos, incluida la Tierra, son considerados mundos de primera generación. Se formaron a partir del disco de gas y polvo que rodeaba a una estrella joven, cuando los materiales comenzaron a agruparse hasta formar cuerpos cada vez mayores.Un planeta de segunda generación tendría un origen completamente diferente. En lugar de formarse junto con una estrella recién nacida, surgiría posteriormente a partir del material que una estrella moribunda expulsó al espacio.Es una diferencia fundamental: el planeta no sería simplemente un sobreviviente de la muerte de su estrella, sino un mundo que nació gracias a los restos de esa misma muerte.“Es como encontrar un planeta que ha surgido de las cenizas de la misma estrella que orbitaba”, explicó Jamie Williams, investigador de la Universidad de Warwick y primer autor del estudio.La existencia de estos mundos ya había sido planteada por los astrónomos, especialmente alrededor de púlsares, que son estrellas de neutrones que giran rápidamente y emiten pulsos de radiación. Pero encontrar señales de uno alrededor de una enana blanca era algo inesperado.La protagonista de esta historia es la enana blanca HS 0209+0832, un objeto que fue identificado en 1999 mediante observaciones del telescopio espacial Hubble. Desde entonces, los astrónomos habían detectado algo extraño en su atmósfera. Presentaba más de un centenar de líneas espectrales que no habían podido ser identificadas inicialmente.Las líneas espectrales son, en términos sencillos, una especie de código de barras químico. Cuando los átomos absorben o emiten luz, producen patrones específicos en determinadas longitudes de onda. Al estudiar esos patrones, los científicos pueden averiguar qué elementos están presentes incluso cuando el objeto se encuentra a enormes distancias.En la mayoría de las enanas blancas que acumulan material procedente de objetos cercanos, los elementos encontrados son similares a los que abundan en los planetas rocosos del Sistema Solar, especialmente hierro y silicio, pero HS 0209+0832 no se comportaba así.Los investigadores encontraron concentraciones extraordinariamente elevadas de elementos como zinc, cobre y niobio, algunos de ellos en cantidades más de mil veces superiores a las observadas en el Sol. El niobio resulta especialmente llamativo porque, según el equipo, es la primera vez que se identifica este elemento en una enana blanca. La composición química se convirtió así en una pista fundamental.Para entender por qué esos elementos son tan importantes hay que mirar hacia el interior de la estrella que dio origen a la enana blanca.Durante las últimas etapas de su vida, una estrella puede convertirse en una gigante roja, una fase en la que experimenta importantes cambios internos y produce elementos cada vez más pesados.Entre los procesos que pueden ocurrir durante esta etapa está el llamado proceso s, abreviatura de slow neutron capture process, o proceso de captura lenta de neutrones. Se trata de una serie de reacciones nucleares mediante las cuales los núcleos atómicos pueden capturar neutrones y transformarse gradualmente en elementos más pesados.Parte de esos elementos puede terminar siendo expulsada al espacio cuando la estrella pierde sus capas exteriores. Eso proporciona una explicación para el extraño cóctel químico encontrado alrededor de HS 0209+0832: los elementos pesados podrían proceder directamente de la estrella que murió.Nicholas Stone, de la Universidad de Wisconsin-Madison, explicó que ese patrón constituye una señal especialmente significativa porque un planeta común formado alrededor de una estrella joven no debería presentar esa combinación de elementos.La hipótesis del equipo es que, tras la muerte de la estrella, el material expulsado pudo formar un nuevo disco de gas y polvo. Con el tiempo, parte de ese material habría comenzado a concentrarse hasta formar un nuevo planeta.Para buscar evidencias de que realmente existía un planeta alrededor de la enana blanca, los investigadores recurrieron a otro instrumento: TESS, el satélite de la NASA diseñado para encontrar exoplanetas.TESS busca pequeñas variaciones en el brillo de las estrellas. Cuando un planeta pasa por delante de su estrella desde nuestra perspectiva, puede bloquear una pequeña fracción de su luz. Ese fenómeno se conoce como tránsito.En este caso, los investigadores encontraron una señal periódica que se repetía aproximadamente cada 4.4 días.La periodicidad encaja con un objeto que se encuentra en una órbita muy cercana alrededor de la enana blanca. Los modelos indican que podría tratarse de un gigante gaseoso comparable en tamaño con Júpiter. Pero estar tan cerca tiene consecuencias.La intensa radiación procedente de la enana blanca podría estar calentando y erosionando las capas externas del planeta. Parte de esa atmósfera podría escapar y terminar cayendo sobre la superficie de la estrella.Y ahí aparece nuevamente la pista química ya que el material procedente del planeta podría explicar los elementos inusuales que los astrónomos observan en la atmósfera de HS 0209+0832.De esta manera, las dos líneas de evidencia —la composición química y la señal periódica detectada por TESS— apuntan hacia una misma posibilidad: la enana blanca podría estar alimentándose de un planeta gigante recién formado a partir de sus propios restos estelares.Si la interpretación se confirma, HS 0209+0832 se convertiría en un caso excepcional para estudiar cómo pueden formarse planetas en condiciones completamente diferentes a las que conocemos en nuestro propio Sistema Solar.El hallazgo también modifica la manera en que los científicos pueden imaginar el destino de los sistemas planetarios. La muerte de una estrella no necesariamente significa que todo lo que la rodea desaparezca. Algunos mundos podrían sobrevivir, otros podrían ser destruidos y, en determinadas circunstancias, el material expulsado podría incluso convertirse en la materia prima de nuevos planetas.HS 0209+0832 Podría ser una ventana hacia una etapa del ciclo cósmico que hasta ahora solo había sido planteada por los astrónomos: la posibilidad de que la muerte de una estrella también pueda convertirse en el nacimiento de un planeta.Con información de EFETG