Viernes, 23 de Febrero 2024

El Sol y la cornucopia: mitos acerca de la energía en el siglo XXI

Las tecnologías de la energía termosolar tuvieron tres momentos anteriores de auge y promesa de un futuro que no ha llegado hasta ahora.

Por: Nelson Arellano-Escudero

El Sol se presenta como el futuro de la energía, pero el uso de las fuentes que lo han precedido no ha dejado de crecer. ESPECIAL/A. Rodríguez

El Sol se presenta como el futuro de la energía, pero el uso de las fuentes que lo han precedido no ha dejado de crecer. ESPECIAL/A. Rodríguez

En 1978 el historiador de la tecnología George Basalla publicaba su idea acerca de los mitos de la energía: se espera que sea inagotable, que cumpla con las utopías de la sociedad y que no presente fallos. Estos tres mitos sostienen los fundamentos de la civilización. Las ideas del progreso se ven conducidas en esas direcciones. De ahí tanta confusión y promesas incumplidas.

La aparición de la combustión controlada del carbón, luego del petróleo, luego la aparición de la energía nuclear y, en el siglo XXI, la reaparición de la energía solar -además de otras fuentes denominadas renovables- han sido propuestas cada cual en su momento como la solución definitiva, la Cornucopia: el cuerno de la abundancia.

Ninguna de estas fuentes, a la que sumaremos la leña previamente al carbón y que hoy se metamorfosea con la biomasa, ha desaparecido. Ninguna ha cesado de crecer en su uso. Lo único que ha cambiado es que la escala de consumo es cada vez mayor.

En la misma década de 1970 se producía un evento que generó preocupación mundial: el embargo del petróleo, lo que animó a los productores de crudo a publicitar, por ejemplo el 4 de Octubre de 1973 en National Geographic, una supuesta enorme disponibilidad de Petróleo para Estados Unidos de América (USA) en zonas oceánicas, esperando por ser extraídas del subsuelo.

Fue en la misma década de 1970 en la que el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) albergó el Workshop on Alternative Energy Strategies (WAES) dirigido por Carroll Wilson, directamente relacionado con la Trilateral Commission y cuya conclusión general fue que para el siglo XXI las necesidades de energía debían ser suplidas, fundamentalmente, por la combustión del carbón y el uso de la energía nuclear. En 20 años (2000 al 2020) China ha pasado de una producción de 1.280 TWh a 7.600 TWh, pasando la producción con carbón de 992 a 4.775 TWh. La proyección para 2050 es que un tercio de su energía eléctrica provendrá de las energías renovables. ¿Y el resto? Carbón y Energía Nuclear.

El pronóstico es que la estrategia irá reduciendo las emisiones de carbón, no obstante... la realidad implica que, como podemos aprender del Proyecto Onkalo en Finlandia, lo que estará ocurriendo es que el problema cambiará de forma, de lugar y se alargará en el tiempo.

En 2017 Washington Post publi-reporteaba a Chile -puntualmente al Desierto de Atacama- como la nueva “Arabia Saudita” en energía solar. Esta noticia no contemplaba que ello ha venido ocurriendo desde un siglo y medio antes: en 1872 se construyó la primera industria con energía solar capaz de destilar 20 litros diarios de agua salada para hacerla potable al consumo humano y animal. Las tecnologías de la energía termosolar tuvieron tres momentos anteriores de auge y promesa de un futuro que no ha llegado hasta ahora. El siglo XXI parece que no será diferente porque la lógica del Antropoceno sigue siendo la misma.

Sobre el autor

Nelson Arellano-Escudero es doctor en Sostenibilidad, Tecnología y Humanismo. Investiga en los campos de la Sustentabilidad, la Historia de la Tecnología y los conflictos tecnoambientales. Colabora con el Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados en Humanidades y Ciencias Sociales CALAS con el proyecto de investigación titulado “La sustentabilidad intermitente: Energía solar y matriz energética en el desierto de Atacama (s. XIX). Historia de la radiación solar descartada”.

Para saber

Crónicas del Antropoceno es un espacio para la reflexión sobre la época humana y sus consecuencias producido por el Museo de Ciencias Ambientales de la Universidad de Guadalajara que incluye una columna y un podcast disponible en todas las plataformas digitales.

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