Lunes, 26 de Octubre 2020

LO ÚLTIMO DE Suplementos

Yo estoy con ustedes

El Evangelio de este Domingo está tomado de los últimos cuatro versículos de Mateo

Por: Dinámica Pastoral UNIVA

“Haced discípulos de todos los pueblos”. La misión se dirige a la totalidad de los hombres. ESPECIAL

“Haced discípulos de todos los pueblos”. La misión se dirige a la totalidad de los hombres. ESPECIAL

LA PALABRA DE DIOS

PRIMERA LECTURA: Is. 56, 1. 6-7. “Conduciré a los extranjeros a mi monte santo”.

SEGUNDA LECTURA: 1Tim. 2, 1-8. “Pidan a Dios por todos los hombres, porque Él quiere que todos se salven”.

EVANGELIO: Mt. 28, 16-20. “Bauticen a las naciones en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

Yo estoy con ustedes

El Evangelio de este Domingo está tomado de los últimos cuatro versículos del Evangelio de Mateo.

Presenta el episodio de la aparición de Jesús resucitado a los once discípulos en el monte de Galilea que Él les había indicado, las palabras de Cristo adquieren gran solemnidad. Son las últimas palabras que dice a aquellos once hombres, que, en su contacto diario durante tres años, los había hecho sus amigos. Por eso cada palabra tiene un peso enorme.

Llama inmediatamente la atención que en este breve texto la palabra “todo” se repita cuatro veces: todo poder, todos los pueblos, todo lo mandado, todos los días.

“Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Jesús posee la totalidad del poder. Cuando Jesús perdonó los pecados al paralítico y como signo le dio también la salud corporal, “la gente temió y glorificó a Dios que había dado tal poder a los hombres” (Mt 9,7). Jesús tiene poder de expulsar los demonios, de calmar la tormenta, de dar vida a los muertos, etc. Con estos hechos daba testimonio de sus palabras: “El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos” (Jn 3,35). La Iglesia ha recibido del Señor todo el poder necesario para cumplir su misión de salvación en favor de los hombres.

“Haced discípulos de todos los pueblos”. La misión se dirige a la totalidad de los hombres. Así queda expresada de la manera más evidente la universalidad de la salvación. En la antigua alianza, Israel, con sus límites geográficos y étnicos definidos, había sido elegido como “pueblo de Dios”; en la nueva alianza, la Iglesia, que es el nuevo Israel, no posee límites de ningún tipo; ella tiene la extensión de la humanidad; todos están llamados a formar parte de ella y gozar de las promesas de Dios.

“Enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado”. Se trata de guardar la totalidad de la doctrina enseñada por Cristo. Jesús envía a hacer discípulos suyos indicando dos cosas necesarias: el Bautismo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y la observancia de todo lo que Él ha mandado. Muchas veces estamos bautizados y nos llamamos cristianos, pero faltamos a esta segunda condición: silenciamos sistemáticamente algunos puntos del Evangelio, porque nos resultan incómodos o porque, según la idea particular que nos hemos hecho de Dios, no cuadrarían con Él; o simplemente nos desentendemos de alguna parte de su doctrina, por ejemplo, lo que manda respecto al divorcio, al adulterio, al uso de las riquezas, etc.

“Estoy con vosotros todos los días”. Aquí está expresada la totalidad del tiempo. Son las últimas palabras de Cristo y es la promesa más hermosa: su presencia continua en medio de su Iglesia. Si es cierto que su ascensión corporal es un dogma de nuestra fe, también lo es su presencia real en la Iglesia, sobre todo, en aquella presencia llamada “real” por excelencia: la Eucaristía. Jesucristo resucitado, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad está sentado a la derecha de Dios y está en nuestros altares en el “pan de vida eterna” y en el “cáliz de salvación”.

Domingo vigésimo noveno ordinario

Ciudadanos con obligaciones

Son los postrimeros días de la vida pública de Jesús, el Hijo de Dios. Ha subido a la capital Jerusalén, la ciudad de David, y en el templo -centro y corazón del pueblo de Israel- ha sido maestro bondadoso.

Para los fariseos allí instalados, es molesta esa presencia y quieren deshacerse de él. No pueden atacarlo por su conducta y vida limpias. Un día les dijo: “¿Quién de ustedes me argüirá de pecado?” (Juan 8, 48) .

“Maestro, sabemos que eres... y enseñas con verdad el camino de Dios, y que nada te arredra porque no buscas el favor de nadie ...”. Aquellos no creyentes le plantearon este problema: lícito, o no, pagar el tributo al El Imperio Romano había extendido sus tentáculos hasta el Asia Menor y los israelitas eran unos inconformes subordinados. Pero el Señor se salvó de esa burda emboscada. Pide que le presenten un denario, moneda de plata en Roma. Los judíos tenían solamente el derecho de acunar monedas de cobre, pequeñas, de poco valor.

“Jesús les preguntó: “¿De quién son esta imagen y esta inscripción?”. “Del César”, repusieron y Jesús les dijo: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Pagarle a Dios, darle lo que le pertenece, con imperturbable firmeza, y todo el mensaje evangélico es: “Buscad primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”. Así los intereses del César no son distintos, sino que van en el único sentido, mas en distinta manera.

Con su respuesta sabia, Cristo reconoce toda autoridad legítimamente constituida. Los cristianos deben someterse a ella. Quien se somete al César, reconoce que también el César es súbdito de Dios; que todo, absolutamente todo, se halla sometido a Dios.Pero hay que estar atentos de no darle al César lo que es de Dios. De allí el sano criterio de negarse a cumplir consignas o exigencias injustas.

José Rosario Ramírez M.

Oportunidad para el amor y la libertad

A lo largo del confinamiento forzado por esta pandemia, que nos parece interminable y a la cual no nos acostumbramos, han aflorado nuestras inseguridades, miedos, frustraciones y necesidades insatisfechas, lo que en ocasiones nos lleva a una convivencia áspera y violenta.

En este encierro las heridas de nuestro pasado han mostrado su rostro doloroso: experiencias de rechazo, abandono, humillación, traición, injusticia o de minusvaloración. Durante estos meses he acompañado espiritualmente a personas con situaciones afectivas que han dificultado sus relaciones, pues sus problemas habituales se han potenciado; hombres y mujeres afligidos por los efectos de decisiones y acciones guiadas por miedos, particularmente con los seres amados.

Durante este tiempo hemos tenido la oportunidad de reflexionar y hacer un viaje a nuestro interior para reconocernos y enfrentarnos con nuestras heridas. Caemos en la cuenta de que reaccionamos, juzgamos y actuamos desde nuestros temores, fracturas internas e insatisfacciones, desde una imagen que buscamos dar a los demás pero que no es lo que verdaderamente somos.

Este confinamiento es tiempo de purificar nuestra mirada, de discernir para ordenar nuestros sentimientos, deseos y acciones. Desde nuestro espíritu, entremos en la escuela de los afectos para realzar y practicar la paciencia, el respeto, la bondad, la misericordia; busquemos comprender al otro desde su propio espacio y experiencia, lo cual requiere que tomemos distancia de nosotros mismos y de nuestros prejuicios.

Según Erich Fromm, la unión solamente se alcanza cuando se ama, cuando tenemos la capacidad de amar con libertad y cuando nos experimentamos amados sin condicionamientos. Este es el espacio de la espiritualidad, cuyo cultivo nos conduce al amor. Es el amor el que nos libera de nuestras ataduras, el que nos habilita para la confianza y la fe, para la misericordia y el servicio y, fundamentalmente, para ser libres. Sólo el amor, en cualquiera de sus formas, transforma nuestra vida. El amor es el que nos permite ver lo que somos y lo que verdaderamente es el otro para buscar aquello que le es bueno. Ese es el amor al que nos llama el Evangelio y que nos presenta como la Voluntad de Dios.

Gerardo Valenzuela, SJ - ITESO

Temas

Lee También