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Sábado, 18 de Agosto 2018

Suplementos

Las mujeres en los campos de concentración soviéticos

La traductora y escritora Monika Zgustova nos habla de la historia de nueve supervivientes a los horrores del gulag en su nuevo libro “Vestidas para un baile en la nieve”

Por: Jorge Pérez

Antes de escribir este libro en el género del periodismo, Monika Zgustova comenzó una larga labor como traductora, con la vocación de conectar la cultura de Europa del Este con el terreno hispanohablante. CORTESÍA

Antes de escribir este libro en el género del periodismo, Monika Zgustova comenzó una larga labor como traductora, con la vocación de conectar la cultura de Europa del Este con el terreno hispanohablante. CORTESÍA

Una entrevistadora, un tema, nueve mujeres y sus experiencias en el gulag soviético… Eso es “Vestidas para un baile en la nieve”, nuevo libro de la escritora y traductora Monika Zgustova, publicado por Galaxia Gutenberg. En sus páginas, la autora narra las historias de Zayara, Susanna, Ela, Elena, Valentina, Natalia, Janina, Irina y Galia, sobrevivientes de los campos de concentración en la URSS y comparten sus testimonios, medio siglo después de los hechos. El rescate de estos recuerdos ocurrió en ocasiones poco antes de que las entrevistadas fallecieran: en algunos casos, fue la primera y única vez que exploraron ese terreno de la memoria. En su visita a México, platicamos con Monika Zgustova sobre “Vestidas para un baile en la nieve”:

-Una de las entrevistadas, Janina, habla del alzheimer como la peor enfermedad que se puede sufrir. Si el alzheimer es la pérdida de la memoria, este libro aboga por rescatar y contar la memoria de algo que no se ha contado: las mujeres en el gulag.

¿Cómo comenzó este proyecto?

-Un poco fue por casualidad, estaba en Moscú y un amigo, el escritor Vitali Shentalinski (también publicado por Galaxia Gutenberg), me ofreció acompañarle a una reunión de personas que estuvieron en el gulag. El tema me interesó, le acompañé y lo que vi eran muchas mujeres, sobre todo. Muy vitales, maravillosas. Me di cuenta que sabemos poco de las mujeres, menos que de los hombres, que estuvieron en el gulag. Empecé a plantearme muchas preguntas: ¿cómo lograron pasarlo?, ¿estuvieron en las mismas condiciones?, ¿cómo son esas mujeres que pasaron por una experiencia tan terrible? Pedí permiso para ir a verlas y entrevistarlas. La gran mayoría me acogieron muy bien, me hablaron con muchas ganas de su experiencia. Me ayudó mucho hablar ruso y ser de una parte de Europa, la del Este. No tenían que explicarme todo.

-Supongo que no todas habían verbalizado esa experiencia: de pronto está Natalia, que en la lectura se siente más a la defensiva.

-Había de todo, la mayoría tenía muchas ganas de compartir su experiencia. Natalia Gorbanévskaya no tenía ganas de hablar de algunos temas, como su experiencia en el hospital psiquiátrico. Fue horrible. Hablar de una experiencia es hasta cierto punto revivirla. Yo tenía ganas de incluirla, sabía que estaría más completo el libro, pero no se puede obligar a nadie. Le insistí y al final me lo dijo. No lo había dicho nunca antes a nadie: murió muy poco tiempo después de la entrevista. Lo busqué en libros, en internet, pregunté a varias personas que la conocían y nunca había hablado de esa experiencia. Se puso muy tensa, casi me echó de su casa. No me lo tomé personal, es algo tan duro, tan grave. (Sobre Gorbanévskaya, la cantautora estadounidense Joan Baez escribió la canción “Natalia”).

-La cultura dentro del gulag jugó un papel: ayudó a la gente a sobrevivir, junto con la amistad, fueron dos refugios que las impulsaron. O la escritura: comenta que a veces solo memorizaban los versos para después redactarlos.

-La amistad era maravillosa: cuando volvieron a la vida normal del gulag no volvieron a encontrar la misma amistad, la que uno puede tener en condiciones extremas. Casi renegaron de la vida normal. Varias de ellas me dijeron que si tuvieran otra vida les gustaría volver a pasar, aunque menos tiempo, por el gulag, precisamente por tener esa experiencia de la amistad a prueba de bombas, incondicional. Lo mismo pasó con la cultura: otro refugio. Los humillaban a diario, a todas horas, los reducían a una condición infrahumana. A través de la cultura, de una lectura, un poema o un aria aunque no fuera bien interpretada… todo eso las elevaba a un nivel humano. Les devolvía la dignidad perdida en el gulag. Les ayudó a volver a dignificarse, a volverse humanas otra vez.

Si había un libro a veces no duraba mucho, pasaba de un gulag a otro: cada uno tenía derecho a leer una sola noche, a escondidas. Una de las entrevistadas me contó que estuvo en el hospital del gulag y en lugar de dormir y fortalecerse prefirió leer el único libro que tenían allí: “Guerra y paz” de Tolstói. Prefirió no dormir y llenarse de toda esa maravilla. Para los rusos, tradicionalmente, la cultura (y sobre todo la literatura) era algo más que solo leer un libro: era una fuente de aprendizaje, de filosofía vital. Siempre buscaban los mensajes que enviaban sus escritores, la sabiduría, las claves de cómo vivir y desarrollarse en la vida. Muchísimo más que cualquier otro lector del mundo.

-En el testimonio de varias se repite: a pesar de estar libres, fue hasta la Perestroika cuando dejaron de sentirse vigiladas. Y ahora ven un clima similar con el gobierno de Putin, quien recién se reeligió.

-Estas mujeres aprendieron perfectamente lo que es una dictadura. Todas las características que estos regímenes pueden tener en un Estado o en un microcosmos, como lo puede ser un gulag. No se dejan engañar por nada: ahora muchos rusos se dejan engañar por Putin y piensan que les ha devuelto algunas cosas que no tenían, como la seguridad, una cierta dignidad. Estas mujeres no: son personas que pasaron por esa experiencia. Saben quién es, cuáles son sus medidas, cómo engaña a la gente. Todas me hablaron mal de Putin: decían que es una pena que mucha gente prefiera no pensar para ahorrarse algunos malos sentimientos. Estaría muy bien si todos reflexionaran: no sería posible que volviera a pasar algo como Putin, alguien que se crió en el sistema comunista, que participó en la KGB, fue uno de los directivos.

La traducción, puente entre culturas

Mucho antes de escribir este libro en el género del periodismo, Monika Zgustova comenzó una larga labor como traductora, con la vocación de conectar la cultura de Europa del Este con el terreno hispanohablante. Monika ha traducido al español a autores checos como Bohumil Hrabal, Jaroslav Hašek, Václav Havel y Milan Kundera, además de autoras rusas como Marina Tsvetáieva y Anna Ajmátova. De sus inicios en el arte de trasladar un libro a otro idioma, Zgustova platicó:

-Cuando llegué a España, en los años ochenta, tenía ganas de introducir la buena literatura de mi país, que era bastante desconocida. Me empecé a dedicar a la traducción. Fue justo después de acabar la universidad. La verdad pensaba que siempre me dedicaría a eso: pero la traducción da muchas tablas para luego escribir uno mismo. Una cosa me llevó a la otra. Después de traducir bastantes libros de Hrabal decidí escribir su biografía (“Los frutos amargos del jardín de las delicias”). La escritura ya no te deja: cuando se prueba y gusta, ya no se puede dejar. Es como un vicio.
 

DR

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