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Sábado, 18 de Agosto 2018

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La calle de los libreros

López Cotilla, en el Centro de la ciudad, se ha convertido en un oasis para los amantes de los libros de viejo

Por: Raúl Romero

El Desván de Don Quijote se ha convertido en un punto importante para buscar libros usados. EL INFORMADOR/ A. Camacho

El Desván de Don Quijote se ha convertido en un punto importante para buscar libros usados. EL INFORMADOR/ A. Camacho

Si bien Guadalajara es famosa por su Feria Internacional del Libro (FIL), que se lleva a cabo en noviembre, la pasión de los tapatíos por la lectura se manifiesta todo el año, en entornos diferentes que el de la Expo Guadalajara.

La librerías de usado son una opción a las que los lectores recurren por gusto, pero también por necesidad, ante un mercado en el que el precio de un libro nuevo puede superar los 300 pesos, es decir, casi tres días y medio de trabajo para quien percibe el salario mínimo (88.36 pesos diarios).

El Centro de Guadalajara, y en particular la calle López Cotilla, se ha convertido en un área que deben visitar obligatoriamente quienes buscan libros usados por amor a la lectura, o por motivos prácticos.

La calle de los libreros

Si en Guadalajara existiera la costumbre de nombrar calles de acuerdo a los oficios que se desempeñan en ellas, la calle López Cotilla bien podría llamarse “la calle de los libreros”.

En López Cotilla y sus calles transversales, desde el Expiatorio hasta Donato Guerra, se ha formado un corredor de librerías de usado donde vive y fluye la cultura tapatía de todos los días. La ubicación de este corredor no es casual. En esa calle se encontraban librerías históricas como Casarrubias o Font, que ya no existen, pero ejercieron un poder de atracción que es visible todavía hoy.

“Hace más o menos 12 años habían pocas librerías, había tres o cuatro sobre López Cotilla. Entre otros compañeros y un servidor creamos una pequeña asociación de libreros de usado y empezamos a jalar a todos los compañeros hacia esta calle”, explica Pascual Macario Zamora, propietario de la Librería El Desván de Don Quijote, ubicada en López Cotilla 813.

Así nació la Asociación de Libreros Guadalajara AC, de la que se desprendieron hace un par de años algunos integrantes que formaron FLUYA, la Feria del Libro Usado y Antiguo.

La Asociación de Libreros cuenta con el permiso para organizar cada viernes el Callejón del Libro en el Ex-convento del Carmen, mientras FLUYA tiene una casa en Donato Guerra donde además de comprar libros, los asistentes pueden ver películas y tomar talleres de interés cultural.

Los Clásicos de los tapatíos

“Por algo la FIL es en Guadalajara, porque aquí hay mucha gente que lee”, dice David Mora, que llegó hace cinco años de la Ciudad de México para abrir la librería el Laberinto Cultural, en López Cotilla 607. Para los tapatíos los libros usados son una opción atractiva por la obvia diferencia de precio respecto a las librerías de prestigio y por las opciones que no siempre pueden encontrar en los establecimientos convencionales.

“Los libros están a un 30, 40 por ciento más baratos que nuevos, y además hay tolerancia, la gente llega y pide cambio, pide ‘fiámelo un poquito, dos tres días, o bájamelo’. Hay flexibilidad, mientras en las librerías normales no hay regateo”, explica Reyes Guadalupe Martínez, de la Librería La Trinidad (López Cotilla 531)

Los libreros de López Cotilla coinciden en considerar que los autores más buscados, los clásicos de los lectores tapatíos, son los grandes escritores de la literatura latinoamericana: Carlos Fuentes, Octavio Paz, Juan Rulfo, García Márquez, Juan José Arreola.

El otro gran mercado de los vendedores de libros de ocasión son los libros de mayor éxito comercial, entre ellos los escritos por Paulo Coelho, Stephen King, las obras de terror, las novelas de Harry Potter y las sagas de fantasía.  “Si yo hubiera sabido aprovechar el auge del ‘Código Da Vinci’ hubiera podido abrir otra librería”, comenta Reyes Martínez para dar una idea del éxito de ese best seller.

David Suchil, de la librería El Nilo de Casa Fluya (Donato Guerra 6) explica cómo se compone el panorama de los bibliófilos tapatíos: “Hay tres mercados, el del lector, el de los coleccionistas y el de los investigadores”.

Los caminos del libro

Los motivos económicos no explican totalmente el gusto de los lectores por las librerías de usado. “A mucha gente les gusta esto, les gusta el desorden. Tengo un desorden ordenado, más o menos sé lo que tengo, muy acorde al nombre de la librería” dice David Mora, de El Laberinto Cultural.

“Mi papá decía que el libro es el que busca al lector, no el lector al libro. A veces la gente dice ‘me encontré este libro’, y no es así; el libro te estuvo buscando. Pudo haber venido desde España, desde Francia, desde muy lejos para que tú lo leyeras. Te estuvo buscando. No sabes en qué momento vas a encontrar el libro que te estaba buscando”, reflexiona Mora.

La atracción física que los lectores sienten por los libros no deja de sorprender a Joshua Ramírez, de 28 años, que trabaja en la librería Logos (López Cotilla 532). “Las personas llegan y les encanta el olor de la lignina del libro antiguo. A veces ni compran nada, sólo llegan, lo huelen y se van”.

El librero de usado en la red

Podría pensarse que internet y la información disponible instantáneamente y de manera gratuita podrían amenazar la existencia de los negocios de libros usados. La realidad es que la revolución de la información ha favorecido a quien ama los libros y a quien se gana la vida vendiéndolos. “Hay mucha gente que vende por internet, que viene y me compra libros a mí para poderlos vender por internet incrementando el precio”, dice David Mora.

Para David Suchil, “lo único que se ha visto afectado por el internet son las enciclopedias, los volúmenes de referencia”. La experiencia de Suchil muestra que el internet 2.0, el de las redes sociales, tiene el potencial de renovar la entrañable relación personal entre los bibliófilos y los vendedores de libros. “A mí me ha ayudado mucho a vender libros. Mi perfil de Facebook es mucho más cómodo para la gente; no tiene que venir a la librería, tú subes el título del libro y la gente dice si le interesa”, explica Suchil, que tiene como imagen en Facebook el yelmo de Darth Vader, y tiene entre sus fotografías imágenes que lo muestran con un gorro de Santa Claus.

“Cuando es el perfil de algún negocio la gente siente desconfianza. Cuando ven tus fotos y quién eres, sienten más confianza”, explica.

Un oficio noble

Los libreros de usado emplean de manera unánime una palabra para describir su oficio: “noble”.

“A veces no traemos ni para almorzar, y a la hora, dos horas ya tenemos para irnos a comer”, explica David Mora.
Para David Suchil, la vida del librero de usado “es muy gratificante porque conoces mucha gente, viajas para participar en ferias, ves libros que nunca en tu vida te imaginas que vas a ver”. “Es un oficio noble, pero no te va a hacer rico”, rebate Reyes Martínez, mientras vierte en agua en una cafetera. Después de pensarlo un momento agrega: “bueno, te hace rico en cultura”, y la reflexión lo hace desplegar una amplia sonrisa en la que faltan algunos dientes.

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