Jueves, 04 de Junio 2020

Domingo de Ramos, una tradición de esperanza

A pesar de la crisis sanitaria, esta celebración tiene una rica historia entre los creyentes católicos
 

Por: Norma Gutiérrez

Costumbre. A partir de hoy las palmas y figuras alusivas al Domingo de Ramos se suelen colocar en casa. NTX

Costumbre. A partir de hoy las palmas y figuras alusivas al Domingo de Ramos se suelen colocar en casa. NTX

Esta época nos recuerda un aroma inconfundible, pero ante la pandemia por el coronavirus y el llamado a quedarse en casa, queda recordar las palmas que suelen colorear las calles, en especial, en las cercanías de las parroquias que con todo un esplendor verde se vuelve uno de los momentos más significativos para la fe católica: el Domingo de Ramos, celebración con la que se da el inicio a la tradicional Semana Santa.

Esta peculiar fecha no pasa desapercibida a pesar de la crisis sanitaria que estamos viviendo, por lo general, el primer domingo de abril es dedicado a este festejo en el que se conmemora, por un lado, a los judíos que agradecían la intervención de Dios y Moisés para liberar a su pueblo de la esclavitud de Egipto, pero también, se recuerda la entrada de Jesucristo a Jerusalén tras una travesía que incluyó a la comunidad de Beftagé y el Monte de los Olivos, acto que ocasionó que los seguidores de Cristo lo recibieran con gran algarabía y ramos de olivo.

De ahí que esta tradición fuera replicándose en cada creyente alrededor del mundo y aunque en el Vaticano, cada Papa en turno suele ofrecer una magna misa en este honor, los poblados mexicanos, particularmente, no dudan en sumarse a este emotivo ejercicio que hasta este año congregaba a miles de familias.

Cabe recordar que la celebración no solo se remite al tan esperado domingo, los preparativos tradicionalmente se hacían hasta una semana antes cuando cientos de familias se ponen a tejer las palmas de manera artesanal, en ocasiones, añadiendo un toque más dulce con flores de manzanilla, que refuerzan la belleza estética de los ramos cuando son bendecidos durante toda la jornada eclesiástica del Domingo de Ramos.

Aunque la historia nos recuerda que aquellos ramos de olivo con los que recibieron a Cristo fueron sumamente sencillos, a través de los años esta tradición se ha personalizado en los barrios populares, muchas veces, con ramos de palpas —del tipo cera— más elaborados que, además de su clásico trenzado de tres partes, realizan verdaderas obras de arte con tejidos incluso tridimensionales adornados también con flores primaverales.

Ya sea por una tradición familiar o un interés genuino, las palmas o ramos pueden tener múltiples significados, partiendo desde el principal que es mostrar devoción y disposición a participar con fe en las actividades propias de Semana Santa hasta Pascua, además de considerar que el tener una palma en el hogar recuerda la presencia de Cristo, por ejemplo.

Otro aspecto fundamental en el Domingo de Ramos es la lectura de la Pasión de Cristo durante las misas, en las que cada sacerdote anuncia a la comunidad la celebración de los días santos, además de recordar y reconocer a Jesús como Mesías y la misión de salvación para la humanidad.

Al servicio

Con la celebración del Domingo de Ramos, más allá de la devoción, esta tradición recuerda la necesidad de despojarse del individualismo y ofrecer una actitud más servicial y de contribución para tener y generar espacios de paz, solemnidad y apoyo, especialmente con las personas en situaciones más vulnerables.

Si bien el respeto debe reinar en el Domingo de Ramos, la celebración no pierde su esencia y muchos barrios populares, como es el caso de Analco, en Guadalajara, replican esta tradición reproduciendo la icónica escena de Jesús y la algarabía de su pueblo, actividad hoy condicionada por un tema muy importante de salud pública.

Sin embargo, cada año, los vecinos y la parroquia de San José se organizan, al igual que otras colonias, en donde el mítico burrito que llevó a Cristo también aparece para disfrute de las familias, animal con el que también se hace hincapié en la humildad del Mesías y su cercanía con el pueblo.

La fiesta no solo se suele colorear con los ramos, los cantos de “¡Viva Cristo Rey!” suenan en su esplendor, las familias se juntan y hasta las delicias gastronómicas comienzan con lo dulce de las empanadas de leche, mermeladas frutales y hasta saladas con embutidos y uno que otro guiso, al igual que los tamales y la fresca agua de limón con chía o jamaica.

Aunque muchas familias optan por conservar y coleccionar sus ramos en sus ventanas, puertas y altares hogareños, otra tradición es llevar las palmas a la iglesia para que éstas puedan ser incineradas y utilizadas al siguiente año en el Miércoles de Ceniza.
 

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