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Suplementos | Jean Meyer creyó que al público mexicano no le interesaría un libro sobre Alsacia

De la autobiografía al retrato de la época

El historiador Jean Meyer creyó que al público mexicano quizá no le interesaría un libro sobre Alsacia, una región europea en el enclave cultural entre Alemania y Francia
Jean Meyer llega con una nueva obra bajo el brazo. EL INFORMADOR / M. Vargas

Jean Meyer llega con una nueva obra bajo el brazo. EL INFORMADOR / M. Vargas

GUADALAJARA, JALISCO (29/ENE/2017).- Una caja con manuscritos: los diarios del padre, desconocidos hasta entonces, donde relata su vida y circunstancias. Eso fue lo que Jean Meyer encontró tras vaciar la casa de sus padres, luego del fallecimiento de ambos. Un viaje por el tiempo, con la historia personal pero también la nacional y continental.  

Con el hallazgo, el historiador emprendió la escritura de “El libro de mi padre: o una suite europea”, título publicado por Tusquets donde presenta una extensa fotografía verbal de André Meyer, a la par de los conflictos políticos de Europa en el siglo XX. Meyer platicó en entrevista sobre esta nueva publicación.
 
-Este libro se aleja de sus temas de investigación, ¿fue difícil tomar la decisión de escribirlo?

-Se aleja por completo, efectivamente. No me costó trabajo. Encontré un tesoro, es un sueño de todo historiador: una secuencia completa de diarios muy interesantes, a lo largo de casi 50 años. Cubre tanto la vida personal como la vida política de la época, en Francia, Europa y el mundo, con el concilio Vaticano II. Ese tema me permitió escribir otro libro: “Estrella y cruz: la conciliación judeo-cristiana”. Desde un principio me fascinó el material. Decidí escribir un libro no para el público ni para la academia, sino para mis hijos y mis nietos, para que conocieran a su familia. Tiene los orígenes de la familia, un tiempo atrapados en la tragedia binacional entre Francia y Alemania, algo que se solucionó únicamente con la construcción de Europa. Escribí el libro con absoluta libertad, no pensaba publicarlo. Hice una edición privada de sesenta ejemplares, sólo para la familia y algunos amigos queridos. Entre ellos la exdirectora de Tusquets, Verónica Flores…
 
El historiador Jean Meyer creyó que al público mexicano quizá no le interesaría un libro sobre Alsacia, una región europea en el enclave cultural entre Alemania y Francia. Pero la entonces editora de Tusquets lo convenció de su publicación:

-No me arrepiento para nada. No sé cómo pueda responder la crítica, es una obra híbrida: es un collage, un mosaico, hay de todo. Está la voz de mi padre, la de otras personas, hay transcripción de documentos, además de comentarios y aclaraciones mías. Va de cosas muy personales a sucesos muy internacionales, como la Segunda Guerra Mundial, la resistencia en Francia, el holocausto, la deportación de los judíos, la guerra de Argelia en Francia…
 
-Este libro no existiría si su padre no hubiera llevado un diario, ¿considera que esa práctica se ha perdido?

-Igual hay todavía gente que lo hace, no lo sabemos. Por ejemplo, yo nunca supe que mi papá llevaba un diario. Cuando dejé la casa todavía lo estaba escribiendo, pero nunca lo vi escribir. Jamás vi su bitácora, nunca sospeché. Me pasó lo que a los hijos de Juan Rulfo, cuando descubren en una caja sus fotografías. Son de esas sorpresas extraordinarias.
 
-Su padre vivió en una época y un territorio con muchas particularidades históricas.

-Eso sí puede interesar a los lectores: la historia general, qué es la identidad, qué importancia tiene la lengua en la identidad con los alsacianos y lorenos atrapados entre Francia y Alemania, rehenes. Los alemanes les prohibieron la educación en francés entre 1870 y 1918. Hay un dicho muy bonito: “Francés no puedo ser, alemán no quiero ser: alsaciano soy”. Se forjó una personalidad local, provincial, de manera negativa por la resistencia. La lengua y la religión fueron elementos importantes de resistencia. Ahí descubrí algo que me emocionó mucho: yo estudié la cristiada, y cuando el conflicto sucedió la población de Alsacia se manifestó en masa exigiendo al gobierno francés romper las relaciones con México. Ahí estuvieron mis bisabuelos y tíos abuelos en manifestaciones frente a la prefectura de Estrasburgo, con oraciones a los mexicanos. En el misal de una de mis tías abuelas había una imagen del padre Pro, con fecha de 1937: campesinos alsacianos, de la Francia profunda, apenas y hablaban francés y sabían del padre Pro en México, asesinado por el gobierno mexicano. Eso le da una dimensión más allá de la crónica de una familia. Por eso subtítulo: “una suite europea”, pues la creación de Europa fue el punto final a ese conflicto de Alsacia y Lorena. Por eso Estrasburgo es una de las sedes del Parlamento Europeo.
 
-En el libro conocemos el diario, pero también hay una perspectiva histórica, con una bibliografía ampliamente documentada.  

-Lo que guía el libro son los escritos de mi padre: al leerlo, cuando sentía la necesidad de comentar o aclarar para el lector, me puse a estudiar. Provocó una labor de investigación que perseguí en bibliotecas en Francia y en Estados Unidos, especialmente en las de Columbia, la de Nueva York y en la formidable biblioteca de Chicago. En ésta, bajo la rúbrica de “Alsacia”, ¡encontré 1,200 libros! Libros del siglo XIX que no se hallan en Francia están en Chicago.  
 
-En temas de inclusión y la formación de Europa: como historiador, ¿cómo leer los ascensos de derecha, con las votaciones que hubo el año pasado y las que habrá?

-Los ingleses fueron los primeros sorprendidos por el Brexit, ni se lo esperaban y ya se arrepintieron. Ni modo, está hecho. Pero Inglaterra nunca entró totalmente en Europa, siempre se quedó al margen. El general De Gaulle no quería a Inglaterra en Europa: tenía razón, lo vemos ahora. En la historia siempre hay momentos de dilatación y contracción: este momento es de contracción. Hubo una construcción de Europa, momentos eufóricos. Es como la globalización que provoca reacciones. Tuvo muchísimas ventajas, pero generó un señor Trump que pretende regresar a las paredes aduanales, a limitar la circulación de bienes, de mercancías, de personas y de capitales. Hubo un momento en que Europa iba viento en popa, pero ahora son los nacionalismos. Pienso que no va a durar. En Francia la señora Marine Le Pen y su partido el Frente Nacional iba bien hace unos meses, pero tras su apoyo abierto, por su telefonema y por su visita a Trump ha perdido 5 por ciento de intenciones de voto. Cayó de 30 a 25 por ciento en cuestión de semanas. La historia nos dará muchas sorpresas todavía. En este momento son malas sorpresas, pero volverán las buenas sorpresas pronto.

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