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Lunes, 19 de Noviembre 2018

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"A mí me ha servido mucho vivir solo"

En México crece el número de hogares integrados por una sola persona, lo que en opinión de algunos expertos puede perfilar un deterioro en el tejido social
 

Por: Teresa Moreno, Alejandra Riquelme, Roberto Aguilar/ El País

Daniel Vega Reyna ha vivido en soledad los últimos seis años. SUN

Daniel Vega Reyna ha vivido en soledad los últimos seis años. SUN

De los 32.9 millones de hogares registrados por el INEGI en 2016, los unipersonales aumentaron 10.2%, al llegar a 3 millones 355 mil 800. De ellos, 16.9% son encabezados por mujeres y 7.6% por hombres.

En Ciudad Victoria, Tamaulipas, el camarógrafo y editor Daniel Vega Reyna ha vivido en soledad durante los últimos seis años, sin que esa situación sea un impedimento para lograr sus retos profesionales y considerarse una persona feliz.

“Yo estuve viviendo en pareja, del año 2007 al 2012, y por una u otra razón decidimos terminar y me he mantenido así, independiente”, comparte en entrevista. El comunicador de 42 años de edad dialoga con el reportero durante una pausa en su trabajo; graba un partido de futbol en Ciudad Victoria.

Relata que comenzó a trabajar desde muy joven, cuando abandonó el bachillerato: “mi papá estaba en un canal de televisión y desde muy chico me gustó ese rollo. Como ingeniero en electrónica él deseaba que yo estudiara ingeniería también, pero nunca me gustaron las matemáticas”, explica.

Daniel había hecho amistad con el gerente del entonces Canal 13 local, a quien le pidió una oportunidad de trabajo y la recibió como “jalacables” -sin cobrar sueldo- en marzo de 1995. “Aprendí de todo, me aventé ocho meses así, se dio la oportunidad y me contrataron como camarógrafo en septiembre de ese año. Así empecé de camarógrafo, luego fui editor y editor de noticieros, luego fue el Canal 26 por cambio de frecuencia” de Televisa en el Estado, recuerda.

En 2006 ya era responsable de toda la producción del canal, de eventos especiales y deportes. Después lo invitaron a una iglesia cristiana que construyó un estudio de televisión para realizar programas y enviarlos al Canal Enlace, que transmite de Costa Rica para todo el mundo. Ahí estuvo de 2006 a 2012; “ese trabajo terminó por la inseguridad, mi jefe se tuvo que ir de Ciudad Victoria y nos liquidó”, añade.

Estuvo en Tv Azteca dos años como productor de noticieros y después regresó a Televisa Deportes, de 2013 a 2016 y cubrió deportes en Estados Unidos como freelance. “Me dio la oportunidad de viajar y conocer cosas que uno ve por la televisión. Me tocó cubrir tres súper tazones y dos series mundiales, además de los juegos de la selección mexicana, eliminatorias, Copa de Oro y también eventos noticiosos, porque no solo cubríamos deportes, también cubrí la plaga del ébola con el pánico en Estados Unidos; me tocó también la ejecución con inyección letal de dos mexicanos en Texas”, añade Vega.

Su ventaja

Sus dos metros con dos centímetros de estatura le han facilitado mucho su trabajo como camarógrafo. “Por ejemplo, en las entrevistas ‘banqueteras’, dejo que hagan su bola, yo solo llego, estiro el brazo y grabo.

Prácticamente alcanzo fácil el rostro de la persona entrevistada. Yo no necesito brazo electrónico ni escalera”.

Al preguntarle sobre las dificultades de vivir solo, Daniel Vega considera que tiene mucho que ver la mentalidad de las personas. “Cada cabeza es un mundo. Hay gente que necesita estar relacionada con alguien o vivir con alguien, son personas diferentes. A mí me ha servido mucho vivir solo, porque el principal crítico mío soy yo. Las críticas de terceras personas no me afectan ni me ofenden. Soy una persona feliz”.
Desde su divorcio vive solo en una casa de Infonavit, que se ubica en el fraccionamiento Constituyentes, ubicado al Sur de la ciudad. Es una casa con dos recámaras, sala, comedor, cocina y baño, en donde tiene a seis perros como mascotas: “Morena”, “Pulido”, “Mina”, “Café”, “Moka” y “Peque”.

-¿Cómo te las ingenias tú solo?
-Afortunadamente soy de la vieja escuela y desde muy chico aprendí a hacer de comer, a lavar, la limpieza, etcétera. Yo sé hacer todo gracias a Dios.

-¿Qué es clave en tu vida para ser feliz solo?
-Es muy importante que no me afecta lo que digan los demás. Hay que ser uno mismo. La felicidad en la que yo me baso es en ser feliz con lo que hago.

Daniel actualmente trabaja en la producción de videos en una campaña política en Ciudad Valles, San Luis Potosí. Viaja con frecuencia entre esa localidad de la Huasteca potosina y Ciudad Victoria. Y aunque no es de las personas que se fijan retos profesionales, sí hay algo que le gustaría cumplir: “Mi sueño desde niño siempre ha sido ir a una final de la Champions League”, señala.

Los solitarios. Tejido social en deterioro

Áurea Delgado, de 72 años y 27 de vivir sin compañía, dice que disfruta esa condición: “Viajo, me divierto con mis amigas (...). Sola nací y sola voy a morir”. A veces tiene un sentimiento de nostalgia o tristeza al recordar cuando toda la familia vivía en casa, pero se le pasa pronto, dice. Con una amiga, planea retirarse a un asilo pese a la insistencia de sus hijos para que se mude con ellos; así lo decidió porque defiende su independencia y su espacio. No quiere ser “una carga”.

Es temprano y Áurea habla por teléfono con dos de sus hijos. Está lista para salir. Viste una blusa estampada con flores rojas, con el cabello cuidadosamente peinado. Cuenta que de los seis hijos que tuvo aún viven cuatro, y que le dieron 12 nietos y ellos, a su vez, 22 bisnietos. Son una familia unida, pero insiste en disfrutar de su independencia.

“Me acostumbré a vivir sola sin hijos, ni nietos, ni bisnietos. Estoy muy acostumbrada a mi privacidad. Voy y los visito, vienen y me visitan, pero lo más que aguanto son dos o tres días en sus casas y me regreso porque quiero estar en mi hogar. Aquí a nadie molesto. Hago lo que quiero”, dice.

Desde hace 27 años vive sola en su departamento decorado con cuadros de flores en Nonoalco, Tlatelolco, en la Ciudad de México. A lo largo de ese tiempo ha coleccionado figuras de porcelana y recuerdos de sus viajes a Acapulco, Madrid, Cuba y Miami. Su nuevo proyecto es visitar Francia.

Delgado Flores, jubilada del gobierno federal, platica que llegar a la tercera edad implica otra forma de vivir. Entre sus actividades está cantar música de mariachi y norteña en actos sociales, para ello elige sus trajes y peinados con calma, cuando pueden, sus hijos van a animarla en los conciertos.

En 2016, expone la Encuesta Nacional de los Hogares del INEGI, por entidades, el primer lugar de hogares unipersonales lo ocupó con casi 18% del total Quintana Roo, siguen Baja California Sur (con casi 15%) y la Ciudad de México, con casi 14 por ciento.

A diferencia de naciones como Estados Unidos, Francia, Japón y Reino Unido, país este último donde en enero se creó el Ministerio de la Soledad, en México este fenómeno aún no es considerado un problema social porque persiste una idea fuerte de la familia, dice Sonia Rangel, doctora en Filosofía.

En México, asegura, aún no se percibe tanto la soledad porque persiste una idea muy fuerte de la familia: “No es tanto que influya la situación económica, sino las formas de trabajo que tienen que ver con la precarización, porque lo que ocurrirá es que como la gente no tendrá que ir a un centro laboral, eso la dejará sin vida social, porque todo el tiempo estará laborando y eso repercute en la manera en que construye sus relaciones familiares, amorosas o amistosas”.

Explica: “El tejido social se diluye y no se plantean relaciones profundas o afectivas, sino utilitarias y de competencia en las que no se busca cultivar la amistad, el amor o las relaciones de solidaridad”.

Falta de tiempo

Rangel comenta que “algo que sí estamos viendo cada vez más en México es la falta de tiempo para tomar un café con alguien, hablar por teléfono ya es casi un tabú. Hay que darse cuenta de qué estás priorizando, los adultos sabemos que hubo otras formas de relacionarnos, pero los chicos no saben qué es salir a jugar, tampoco es que lo extrañen, hay cosas que no conocieron. No es que no se reúnan, sino que van a jugar videojuegos o a ver cosas en internet”.

Subraya que las nuevas tecnologías inciden en la soledad y son un síntoma de la misma. La gente que se la pasa posteando trata de llenar esos huecos, pero chatear sí puede considerarse una forma de intercambio.

DR

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