El debate sobre la veracidad de la información y el papel del periodismo frente al poder vuelve al centro de la discusión pública. En su análisis más reciente, el periodista y escritor Diego Petersen aborda la compleja relación entre la ética de los medios de comunicación y el discurso político en México, cuestionando a quién le importa realmente la verdad en un entorno marcado por la desinformación y el asedio a la prensa libre.Al contrastar la labor informativa con el ejercicio del poder, Petersen distingue entre las fallas profesionales del gremio periodístico y el uso deliberado de la mentira en la función pública. El articulista señala que, si bien existen comunicadores que incurren en falsedades, en su mayoría responde a deficiencias metodológicas y no a una intención doloza."La mayoría de los casos o problemas de ética periodística son en realidad problemas de técnica periodística. Insisto, hay periodistas que mienten descaradamente, pero son los menos".En contraposición, el análisis sostiene que la desinformación desde la esfera política opera con una dinámica muy distinta y sin mecanismos de control efectivos. Para ilustrarlo, el autor contrasta las posturas oficiales con registros previos, señalando que la sanción a la mentira política es prácticamente inexistente ante el debilitamiento de los contrapesos tradicionales."¿Mienten los políticos? Como respiran. No hay comparación alguna entre las mentiras de los comunicadores y las de los políticos... ¿Quién sanciona a los políticos cuando mienten? Nadie".Otro de los puntos centrales del análisis es el uso de los presupuestos públicos para condicionar la línea editorial de los medios de comunicación. Petersen advierte que la asignación discrecional de recursos para publicidad gubernamental ha sido una práctica histórica que perpetúa la corrupción informativa y el silenciamiento de voces críticas.Esta dinámica de cooptación, explica el periodista, no es exclusiva de una administración en particular, sino un mal sistémico que ningún gobierno ha mostrado disposición real de regular a través de criterios transparentes de distribución presupuestal."Si los Gobiernos quisieran realmente sanear la perversa relación entre los medios y el poder, lo que habría que regular es la asignación de los presupuestos públicos. Aunque se intentó avanzar en esto en los años de la transición democrática, ningún gobierno se ha atrevido a hacerlo".Frente a un panorama donde predomina el dogmatismo político y el control narrativo, la columna concluye rescatando el valor del periodismo riguroso y del pensamiento crítico ciudadano. Para Petersen, la construcción de la verdad no es un bien estático ni un patrimonio del poder, sino un proceso exigente que requiere el cuestionamiento constante.El compromiso con la veracidad, sostiene, recae en una minoría dispuesta a dudar antes que a aceptar discursos absolutos, lo que convierte a la investigación periodística en una herramienta incómoda para cualquier régimen."Y esa minoría a la que sí nos importa sabemos que la verdad es una construcción continua y colectiva, es enemiga de los dogmas y nace siempre de la duda. Quizá por eso, porque la verdad nace de la duda, es que no les gusta a los políticos".Con información de Diego Petersen*** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA