Las consecuencias de la violencia extrema pueden permanecer en el cuerpo y la mente de quienes la sobreviven incluso años después de los hechos. Esta es la premisa de “El trauma habla a través del cuerpo”, un cortometraje animado presentado este viernes por Médicos Sin Fronteras (MSF) para visibilizar las secuelas que dejan experiencias como la tortura y la violencia sexual.De acuerdo con especialistas de la organización, el trauma puede hacer que una persona continúe reaccionando como si estuviera en peligro, aun cuando la situación que originó el daño ya haya terminado. Las repercusiones pueden manifestarse mediante problemas de sueño, pesadillas, recuerdos intrusivos o una sensación constante de amenaza.La iniciativa multimedia busca mostrar que las huellas de la violencia no siempre son visibles y que sus efectos pueden extenderse a distintos ámbitos de la vida cotidiana, desde las relaciones personales hasta la capacidad de cuidar de otras personas.A través de la historia de Tamara, nombre utilizado para proteger la identidad de la protagonista, el cortometraje representa cómo los recuerdos de una experiencia traumática pueden surgir de manera fragmentada, sin seguir necesariamente un orden cronológico.En tres minutos, la pieza entrelaza esas escenas con la silueta de una mujer y manchas de colores que representan el dolor, la violencia y el trauma. Según Mendoza, el "desorden" de la secuencia es intencional y busca representar la disociación entre cuerpo y mente para que el público "lo sienta".Los recuerdos de Tamara van desde el inicio de su viaje ("No conocía qué era migrar, no sabía los peligros que podía pasar") hasta el miedo posterior: "Yo no aceptaba que nadie se me acercara porque ya estaba agarrando la mochila con presión".Según Morales, al llegar al CAI Tamara caminaba encogida, abrazaba constantemente su mochila y evitaba el contacto visual, señales de un estado de "alerta" que puede persistir durante años.Tamara, originaria de Honduras, es una de las mil 205 personas atendidas desde 2017 en el CAI, en su mayoría migrantes, refugiados y desplazados que han sufrido violencia extrema en México, según datos de MSF.Desde 2024, el CAI atiende también a población mexicana, que representa el 26% de los pacientes recibidos desde entonces. Además, muchos de sus pacientes migrantes ya están establecidos en el país, según la ONG.El trabajo en el CAI va más allá de la atención clínica; busca reconstruir el tejido social y los proyectos de vida de los sobrevivientes. A través de terapias individuales y actividades grupales, los especialistas acompañan a los pacientes en un proceso de sanación que les permite superar el estado de alerta constante y reintegrarse a la sociedad, validando que la recuperación es posible incluso después de las experiencias más desgarradoras.Tras el tratamiento, según la psicóloga, Tamara recuperó "su funcionalidad, su motivación, sueños, ideas" y logró establecerse en un tercer país, después de haber sufrido en México, según su testimonio, persecución y tortura. "Soy una mujer fuerte, luchadora. Nadie me ha podido quitar mi dignidad", dice al final del corto. TG