Hoy, mientras el mundo enciende velas, una comunidad en el sureste mexicano realiza un acto de amor que estremece y fascina: desenterrar y limpiar los huesos de sus ancestros. Conocer esta práctica transforma por completo nuestra comprensión sobre el luto y la memoria.En el poblado de Pomuch, ubicado en el municipio de Hecelchakán, Campeche, la muerte no es un final intocable. Es el inicio de un reencuentro físico y espiritual que se renueva anualmente.Cada año, durante la víspera del Día de Muertos, los habitantes acuden al cementerio local para realizar el Choo Ba'ak, término maya que se traduce como la limpieza de huesos.Esta profunda herencia de la cultura maya consiste en exhumar los restos de los familiares, un proceso que solo puede realizarse cuando el difunto ha cumplido al menos tres años de haber fallecido.Con extrema devoción, los pobladores retiran el polvo de cráneos y costillas utilizando brochas de cerdas suaves o paños limpios, tratando cada pieza con inmenso cuidado.El proceso de limpieza no es un acto lúgubre ni aterrador, sino una reunión familiar llena de respeto, nostalgia y alegría. Mientras limpian los restos, las personas platican abiertamente con sus difuntos.Les cuentan las novedades del año, los acarician y les demuestran que, a pesar del tiempo transcurrido, siguen siendo una parte fundamental y activa del núcleo familiar.Una vez que están completamente limpios, los huesos se acomodan cuidadosamente en un osario de madera. La regla dicta que el cráneo debe ir en la parte superior, asomándose para "ver" a sus visitantes.Este osario se reviste con un manto blanco recién bordado a mano durante los meses previos. Este paño, decorado con flores, ángeles o el nombre del difunto, representa la "ropa nueva" del espíritu.Para los habitantes de Pomuch, omitir este ritual significa abandonar al ser querido en el olvido. Existe la creencia de que, si no se limpian los huesos, el alma vagará con tristeza por las calles.La tradición ha sobrevivido al paso de los siglos, resistiendo la modernidad y atrayendo la mirada de antropólogos, fotógrafos y viajeros de todo el mundo que buscan entender esta cosmovisión.El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha documentado esta práctica como una de las expresiones funerarias más singulares de México, destacando su valor como patrimonio cultural inmaterial.Además de la limpieza, las familias comparten en el panteón alimentos tradicionales como el pibipollo, un tamal horneado bajo tierra que es esencial en la gastronomía de la península de Yucatán.A través del Choo Ba'ak, la comunidad campechana nos enseña una lección invaluable: el verdadero final de una persona solo llega cuando se deja de nombrar y cuidar a quienes partieron.Hoy, los osarios de Pomuch permanecen abiertos, listos para recibir la luz del sol, el aroma del copal y el amor incondicional de los vivos en la celebración más grande del año.Esta nota fue redactada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor *** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA