La experiencia de perfiles hackeados y la mutación de la identidad en redes sociales abren un debate sobre la privacidad, el algoritmo y la pertinencia de permanecer en plataformas digitales. En su columna de opinión publicada este miércoles, el periodista Diego Petersen aborda la creciente irrelevancia de la red social X (antes Twitter) y cuestiona el impacto que la pérdida de control de sus cuentas tiene en la huella digital que los sistemas de inteligencia artificial construyen sobre los usuarios.El análisis parte de la decisión de apartarse de la plataforma de Elon Musk y los dilemas existenciales que genera la manipulación del algoritmo personal a manos de terceros.En su reflexión, Petersen expone las razones que lo llevan a distanciar su presencia de la red social X, señalando el deterioro en la calidad de la conversación pública y la animadversión que le genera el liderazgo de su propietario."No sé si quiero volver a la red X. El contenido es cada día más banal y no soporto a Elon Musk, el dueño de la compañía que se cree dueño del mundo (en cierto sentido sí lo es, y por eso me cae peor)", sostiene el periodista.A pesar de reconocer el apego generado por el uso cotidiano durante más de una década, señala que extrañará aspectos puntuales como "la posibilidad de hacer enojar a una parte de la comunidad twittera con una crítica a algún político" y el tono álgido de las interacciones, las cuales califica como un trabajo de tiempo completo para algunos usuarios.El hackeo de cuentas y la alteración del algoritmoEl punto central de la postura de Petersen radica en la vulneración de su identidad digital por parte de ciberdelincuentes que transformaron su perfil para promocionar criptomonedas y ostentación financiera."El libertino salvaje que robó mi identidad resultó ser un vulgar promotor de bitcoins que manda mensajes diciendo que yo me compré una camioneta Escalade gracias a mis inteligentes inversiones", explica Petersen en su columna.Esta intromisión no solo representa una suplantación, sino que altera el perfil de datos que las plataformas recaban sobre sus hábitos de consumo e intereses, un espacio que el autor solía manipular intencionalmente "buscando cosas que en realidad no quiero, viendo series malas o aburridísimas películas de cine arte europeo para que tenga una imagen absolutamente contradictoria de mí".La preocupación del comunicador trasciende la simple pérdida del acceso técnico a una aplicación para adentrarse en cómo los algoritmos de recomendación moldean y condicionan la percepción social e individual.Al reflexionar sobre las teorías catastróficas del entorno digital, concluye con un cuestionamiento sobre el peso que estas herramientas ejercen sobre el comportamiento humano:"Si, como dicen los apocalípticos, no soy yo quien rige al algoritmo sino el algoritmo el que me rige a mí, ¿seré otro yo ahora que alguien más, un libertino salvaje de pésimo gusto, dé likes y views en mi nombre?", reflexiona el autor.El texto de Diego Petersen evidencia la vulnerabilidad de la reputación digital en un ecosistema donde las interacciones automatizadas definen perfiles y hábitos, abriendo la interrogante sobre el verdadero control que los usuarios ejercen sobre su propia identidad en internet.Con información de Diego Petersen*** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA