En México, el Día de Muertos está acompañado de costumbres que pasan de generación en generación. Una de ellas señala que, cuando una persona fallece poco antes del 1 y 2 de noviembre, no debe recibir una ofrenda completa durante su primer año de ausencia.Según esta tradición, el alma todavía se encuentra recorriendo los lugares donde vivió y construyó parte de su historia. Por eso, algunas familias esperan hasta el siguiente Día de Muertos para colocar su fotografía en el altar principal y dedicarle los alimentos y objetos que disfrutaba en vida.En relatos populares sobre esta costumbre, se menciona la posibilidad de encender una veladora y dejar un vaso con agua en un espacio separado del altar principal. En ocasiones, también se acompaña el gesto con una oración o una flor, como una manera de recordar al ser querido mientras transcurre el periodo de espera.La veladora representa simbólicamente la luz, mientras que el agua ocupa un lugar importante en las ofrendas mexicanas por su asociación con la sed que las almas tendrían después de su camino. El significado concreto de estos elementos puede variar según la familia y la localidad.Esta idea tiene un punto de encuentro con prácticas funerarias documentadas por especialistas. Una investigación de Alma Delia Flores Delgado, publicada en 2022 en la revista Vita Brevis del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), describe los rituales de comunidades del valle de Texmelucan, Puebla.El estudio explica que, en esa región, se considera que la persona fallecida recoge sus pasos durante un año por los sitios que frecuentó y donde vivió. El ciclo funerario contempla distintos momentos, entre ellos la primera ofrenda y las ceremonias realizadas al cumplirse un año de la muerte.Este recorrido ayuda a comprender por qué el primer aniversario tiene un significado especial en determinadas comunidades y por qué algunas familias esperan ese momento para dedicar un altar al difunto.De acuerdo con esta costumbre, quienes perdieron a un ser querido durante este año pueden optar por recordarlo con una veladora y un vaso de agua, y esperar hasta noviembre de 2027 para incorporarlo a la ofrenda principal.La práctica mantiene viva una forma particular de entender el tránsito entre la vida y la muerte: el recuerdo permanece, pero el homenaje en el altar llega cuando se considera que ha concluido el primer ciclo posterior al fallecimiento. JB