¿Hasta dónde llegará la tensión política en México? La violencia física ya alcanzó los pasillos del Senado, y lejos de calmar los ánimos, Alejandro Moreno justificó el reciente altercado entre legisladores. Sus polémicas declaraciones confirman que el diálogo institucional podría estar roto definitivamente frente a las próximas reformas.El conflicto estalló con fuerza cuando el dirigente nacional del PRI, conocido popularmente como "Alito", decidió respaldar públicamente y sin tapujos a su correligionario Carlos Gutiérrez Mancilla. Esto ocurrió horas después del tenso enfrentamiento que este último protagonizó contra el diputado y vocero de Morena, Arturo Ávila, en las instalaciones de la Cámara Alta. La disputa no solo incluyó gritos e insultos cruzados frente a las cámaras de la prensa, sino también empujones y jaloneos que encendieron las alarmas sobre el nivel de hostilidad y polarización que impera actualmente en el recinto legislativo mexicano. Durante una reveladora entrevista radiofónica con Ciro Gómez Leyva, el líder priista no dudó en aplaudir la actitud de su compañero de bancada, escalando aún más la controversia mediática. "Se levantó la voz y le hizo como tiene que hacer. Y yo, si hubiera sido el diputado Mancilla, yo sí lo hubiera puesto en su lugar", declaró tajantemente ante los micrófonos. Estas palabras dejaron sumamente claro que la cúpula del partido tricolor no planea emitir ninguna disculpa institucional por el zafarrancho ocurrido en el Senado de la República, sino que, por el contrario, avalan la confrontación como método de defensa.Lejos de buscar la conciliación o calmar las aguas, el exgobernador de Campeche fue un paso más allá al detallar gráficamente cómo habría actuado él en esa misma situación de tensión. Aseguró que, al estar "de su vuelo" o nivel, habría resuelto el conflicto con "otro par de cachetadas" para que el legislador guinda entendiera el mensaje de una vez por todas. Esta postura frontal y agresiva refleja una estrategia política que parece abandonar por completo la diplomacia tradicional para dar paso a la confrontación directa ante los constantes embates y acusaciones del oficialismo. Para entender el porqué de esta repentina explosión de ira, es estrictamente necesario retroceder a las exigencias previas planteadas por la bancada mayoritaria. El pleito físico se originó justo después de que Arturo Ávila ofreciera una acalorada conferencia de prensa exigiendo que se reactive de inmediato el juicio de desafuero contra Alejandro Moreno en la Cámara de Diputados. Los duros señalamientos incluyeron graves acusaciones de corrupción, un presunto daño patrimonial millonario y la exhibición de diversas cartulinas que tachaban al líder priista de ser un "traidor a la patria" y un "vendepatrias".Fue precisamente este incendiario discurso el que detonó la furia incontrolable de Carlos Gutiérrez Mancilla, quien decidió interceptar al vocero morenista en el emblemático Patio del Federalismo para reclamarle airadamente por sus dichos. En medio de los intensos jaloneos, el legislador priista acusó a su adversario de tener presuntos nexos oscuros con el crimen organizado, mientras que el agredido le exigía a gritos que no lo tocara, tachándolo despectivamente de ser un simple "porro" al servicio exclusivo de la dirigencia nacional de su partido político. La justificación pública de estos actos violentos marca un precedente sumamente preocupante para el futuro inmediato del debate público en el país. Según el propio dirigente tricolor, este nivel de choque físico y verbal es una consecuencia directa e inevitable del rechazo sistemático del partido en el poder a debatir con la oposición. "Ya nos cansamos del diálogo", sentenció Alito con firmeza, calificando a sus adversarios políticos como personas soberbias, cínicas y destructoras de las instituciones nacionales que tanto costó construir.JM