Lunes, 05 de Octubre 2026

Las Nueve Esquinas apuesta por la organización vecinal y el trabajo con el Ayuntamiento

Mediante la coordinación de sus habitantes, esta colonia tapatía mejora sus servicios y la seguridad

Por: El Informador

La rutina de los residentes se sostiene sobre tres pilares: el trabajo conjunto entre vecinos, el diálogo constante con las instituciones oficiales y la preservación del espacio público. EL INFORMADOR

La rutina de los residentes se sostiene sobre tres pilares: el trabajo conjunto entre vecinos, el diálogo constante con las instituciones oficiales y la preservación del espacio público. EL INFORMADOR

El barrio tradicional de las Nueve Esquinas, en Guadalajara, mantiene una dinámica cotidiana sostenida por la organización vecinal, la comunicación con las autoridades y la conservación de su entorno. Las vecinas cuentan con un consejo de cinco personas que coordina reportes, servicios públicos y difusión de actividades o apoyos, como campañas de vacunación canina y entrega de despensas, en ocasiones coordinadas con el barrio de Mexicaltzingo.

Marta Yolanda Preciado, presidenta de colonos, destacó la buena respuesta del Ayuntamiento tapatío, en especial de alumbrado y servicios municipales.

“El Ayuntamiento nos apoya bastante, la verdad. Eso nos motiva a seguir con esto porque nos ayudan. Yo no soy de partidos; le voy a un partido determinado, pero con quien llegue tengo que trabajar para ver por el barrio”.

El consejo administra chats comunitarios, incluyendo uno conectado con el comandante de la Comisaría de la zona para asuntos de seguridad.

“Los chats han hecho que nos conozcamos, que nos apoyemos y que nos ayudemos. Si alguien necesita algo o va a haber alguna actividad, ahí se informa. También tenemos comunicación con el comandante de la zona y, cuando algo se ofrece en el chat de seguridad, de inmediato llegan”.

Sin embargo, persisten varios desafíos, como la recolección de basura. Aunque el camión recolector pasa diariamente, incluso dos veces, la gente tira desechos después. María de Jesús Sandoval propuso sancionar a los infractores.

“En lugar de andar recogiendo la basura, que toda esa gente que traen barriendo y limpiando ande por las calles multando. A ver si así se educa la gente, porque se acaba de pasar el camión de la basura y vuelven a tirarla”.

Con respecto a la ocupación irregular de fincas, Ana Beltrán advirtió sobre la presencia de “paracaidistas” en propiedades abandonadas o intestadas que se instalan por años y pagan servicios para acreditar su posesión, por lo que solicitó la revisión de las autoridades.

Las Nueve Esquinas, un lugar de bienvenida para los comerciantes

Desde la época virreinal, el barrio funcionó como punto de bienvenida e ingreso para comerciantes del sur, pues ahí terminaba la ciudad. El padre e historiador Armando Escoto explicó:

“Es un barrio muy atractivo, es un barrio tradicional. Es un barrio que surgió desde la época virreinal como un centro de comercio, porque allí acababa Guadalajara por el sur. Allí acababa Guadalajara, en las Nueve Esquinas, y por lo tanto la gente que venía de fuera a comerciar ahí llegaba y ahí ofrecía”.

El sector destaca por sus tradicionales birrierías, la plazoleta del Tanque, la Feria de las Pitayas y su cercanía al centro histórico. Escoto recordó que existió un intento de restauración que intervino la calle Colón y la plazoleta, aunque quedó inconcluso, por lo que llamó a retomar el proyecto:

“El desafío es mantener la restauración que se hizo y volver a recuperar el ‘Proyecto de las 100 manzanas’, porque así se llamó. Después ya no se quiso seguir invirtiéndole por determinado tipo de razones, pero habría que volverlo a echar a andar”.

La transformación de las Nueve Esquinas

Durante la década de 1970, el barrio fue considerado peligroso por enfrentamientos entre pandillas. María de Jesús Sandoval relató:

“Hubo un momento en el que todo se convirtió en algo peligroso, pero era peligroso más bien para el que no vivía aquí. El que vivía aquí conocía; era gente que no era de aquí. Estamos hablando de 1974, más o menos, es cuando me acuerdo”.

A partir de 1980 la violencia disminuyó y se recuperó la convivencia pacífica en las calles. Marta Yolanda Preciado recordó:

“Empezó la gente a estar más tranquila. Ya no era peligroso, ya podía uno andar por todos lados. De hecho, ya se juntaban bolitas de muchachos a platicar hasta las 12 de la noche o a jugar”.

Un barrio que ha perdido viviendas

Desde los años 80, y con mayor intensidad después del 2000, las antiguas vecindades y casas familiares desaparecieron para convertirse en comercios -como imprentas, talleres, pastelerías, entre otros-, departamentos o casas de huéspedes.

Preciado citó el ejemplo de una finca en la calle Nueva Galicia que fue dividida:

“Es una casa roja muy bonita. Ahorita ya la dividieron, como todas las casas viejas están divididas. Hubo un tiempo en que se empezó a caer esa casa y después la arreglaron, porque la compró un ingeniero. La arreglaron y la tiene muy bonita”.

Actualmente predomina la población flotante, principalmente estudiantes o inquilinos temporales, lo que dificulta la organización y la conservación de la imagen urbana.

“La gente que vive aquí es más bien flotante. Hoy tenemos un vecino y mañana ya es otro, porque la mayor parte es gente que renta, porque viene a estudiar o por otras cuestiones. Los chats vecinales necesitamos estarlos constantemente cambiando”, concluyó Yolanda Preciado.

CT

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