El fin de la Copa del Mundo devuelve a la metrópoli a su rutina habitual. En su análisis, el periodista Diego Petersen reflexiona sobre los verdaderos activos que quedan para la ciudadanía, desde las obras de infraestructura urbana hasta un fenómeno social clave: la recuperación de las calles por parte de las nuevas generaciones.Invocando la clásica métrica de Joan Manuel Serrat sobre el fin de las celebraciones, el columnista advierte que el cierre del torneo implica reencontrarse con la agenda de tensiones locales que quedó en pausa durante las semanas de competencia."Terminó la fiesta mundialista y la ciudad, los políticos y los ciudadanos regresamos a nuestros problemas cotidianos, a esos que ya estaban antes del Mundial y que por un rato parecimos olvidar: la catástrofe de la calidad del agua, el aumento de desaparecidos (particularmente los jóvenes), la insuficiencia presupuestal, la crisis forense, etcétera, siguen ahí", señala Petersen.Para el analista, aunque desde el discurso oficial se busque "matizarlos, olvidarlos o eufemizarlos, la terca realidad se encargará de recordárnoslos a todos".Al balancear las ganancias tangibles, Petersen destaca que el evento sirvió principalmente como un acelerador de proyectos urbanos e infraestructurales que ya se encontraban en la cartera de planeación desde años atrás.Transporte público: Resalta la concreción de la Línea de BRT al aeropuerto, la cual, aunque "se concluyó en el límite y que a partir de hoy tiene que corregirse, pero ahí está".Conectividad aérea: Las remodelaciones en la terminal tapatía cobraron ritmo gracias a que "el Mundial aceleró y puso un horizonte a los planes del Grupo Aeroportuario del Pacífico (GAP)".Espacios públicos: Aunque la intervención en parques y plazas no estuvo exenta de controversias —como el retiro de murales en Plaza de la Revolución o el reacomodo de esculturas emblemáticas—, la ciudad consolidó una red de áreas verdes renovadas.Más allá del concreto y las grandes obras de transporte, el periodista sostiene que el saldo más significativo del evento fue de carácter social y comunitario."El verdadero activo que nos dejó el Mundial fue la toma del espacio público, particularmente por los jóvenes. Los Fan Fest, el oficial y los extraoficiales, fueron un éxito porque permitieron que los jóvenes, una generación marcada por la COVID y el miedo tomaran las calles y las hicieran suyas", enfatiza el articulista.Zonas como el centro histórico de Guadalajara, el corredor peatonal de Zapopan y diversas plazas del oriente de la metrópoli se transformaron en puntos de encuentro para una generación que había permanecido replegada.Finalmente, Petersen concluye que la lección fundamental tras la justa deportiva no reside en los inmuebles, sino en la continuidad de la convivencia urbana: "El reto de las autoridades y ciudadanos ahora es continuar con el espíritu de apropiación de la ciudad que se logró durante el Mundial, mantener no solo el espíritu festivo sino la certeza de que la calle y la ciudad son nuestras".Con información de Diego Petersen*** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA