El número de crías de pingüino emperador en la isla Coulman, en la Antártida, registró una caída cercana al 69% durante 2025, de acuerdo con un estudio científico que plantea que un enorme iceberg pudo haber alterado el acceso de estas aves a sus principales zonas de alimentación.La investigación, publicada en un medio especializado combinó observaciones de campo con imágenes obtenidas por satélites para analizar lo ocurrido en una de las colonias de pingüinos emperador más importantes de la región.Los científicos compararon los datos de 2025 con los registros de años anteriores y encontraron que solo sobrevivieron 6 mil 658 polluelos, una cifra considerablemente menor al promedio observado entre 2017 y 2024.Los investigadores apuntan a un gran iceberg que permaneció varado frente a la isla Coulman entre julio de 2025 y enero de 2026 como el principal factor detrás de esta reducción. Un iceberg varado es un enorme bloque de hielo que, tras desprenderse de una plataforma glaciar, queda atrapado en el fondo marino o cerca de la costa, impidiendo que continúe desplazándose con las corrientes oceánicas.En este caso, el iceberg medía aproximadamente 13.9 kilómetros de largo y 4 kilómetros de ancho, dimensiones suficientes para modificar la ruta habitual que los pingüinos utilizan para llegar a las aguas donde encuentran alimento.Durante la temporada reproductiva, que se extiende aproximadamente de junio a enero, los pingüinos emperador dependen de un delicado equilibrio: necesitan hielo marino estable, es decir, una superficie congelada lo suficientemente resistente para proteger a los huevos y a las crías, pero también requieren acceso rápido a zonas de aguas abiertas, donde capturan peces, calamares y kril para alimentarse y llevar comida a sus polluelos.Gracias al uso de imágenes satelitales y reconstrucciones tridimensionales del iceberg, los investigadores calcularon que los adultos tuvieron que recorrer distancias mucho mayores para conseguir alimento. En 2024, el trayecto promedio entre la colonia y las zonas de alimentación era de unos 9.3 kilómetros. Sin embargo, con la presencia del iceberg, esa distancia aumentó hasta 14.9 kilómetros.Este incremento representa un gasto adicional de energía para los adultos, que deben caminar y nadar más tiempo antes de regresar con alimento para sus crías.Los especialistas consideran que esta situación redujo el llamado éxito reproductivo, un término utilizado en biología para describir la cantidad de descendientes que logran sobrevivir durante una temporada de reproducción. Cuando los padres encuentran menos alimento o tardan más en conseguirlo, aumenta la probabilidad de que los polluelos no sobrevivan.Otro concepto mencionado en el estudio es la morfología del iceberg, que hace referencia a su forma, tamaño y estructura. Según los científicos, la combinación entre la gran pared de hielo y la geografía de la costa dificultó aún más el paso de los pingüinos hacia las áreas de alimentación.Los autores aclaran que los resultados corresponden únicamente a una temporada reproductiva y que el estudio es de carácter observacional, por lo que aún no puede establecerse una relación definitiva de causa y efecto.No obstante, consideran que estos hallazgos muestran que, además de fenómenos ampliamente estudiados como el cambio en la extensión del hielo marino, eventos puntuales como el desplazamiento o encallamiento de grandes icebergs también pueden influir de forma importante en la supervivencia y reproducción del pingüino emperador.Los investigadores esperan que futuros estudios permitan comprender mejor cómo estos fenómenos naturales afectan a una especie considerada uno de los principales indicadores del estado de salud de los ecosistemas antárticos, especialmente en un contexto de cambios ambientales cada vez más acelerados.TG