El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, desató una intensa controversia tras su visita oficial a la zona cero en Buenaventura. En medio de la devastación absoluta causada por el reciente terremoto de magnitud 7.4 que sacudió al país, el mandatario fue grabado entregando balones de fútbol marcados con el logo de su partido, Defensores de la Patria, a los damnificados que lo habían perdido todo. La escena, captada en múltiples videos virales, muestra al jefe de Estado arrojando los artículos deportivos desde su vehículo oficial hacia la multitud desesperada.La acción, que desde el oficialismo pretendía ser un gesto de apoyo psicosocial para los menores afectados, rápidamente se transformó en un escándalo nacional sin precedentes por el uso de propaganda política. Mientras los balones volaban por los aires, cientos de familias en el Valle del Cauca continuaban clamando desesperadamente por suministros vitales como agua potable, alimentos no perecederos, medicamentos de urgencia y refugio temporal. La profunda desconexión entre la ayuda entregada y las necesidades reales de la población encendió las alarmas sobre la verdadera gestión de la crisis humanitaria en el territorio. Las reacciones en el puerto pacífico no se hicieron esperar, evidenciando la frustración de una comunidad que enfrenta una tragedia de proporciones históricas y dolorosas. El reconocido líder social Leonard Rentería cuestionó duramente al presidente, señalando que, aunque el fomento del deporte es valioso en tiempos de paz, las opciones de jugar un partido son nulas cuando el miedo y el hambre imperan. A través de sus redes sociales, Rentería exigió respeto absoluto por el dolor de las víctimas y demandó soluciones estructurales inmediatas para los damnificados que duermen a la intemperie.A este reclamo se sumaron voces de ciudadanos indignados que encararon a la comitiva presidencial exigiendo respuestas concretas y no paliativos superficiales con claros tintes electorales. La crisis humanitaria es sumamente profunda y requiere atención prioritaria e internacional: el último reporte oficial emitido por la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) contabiliza 287 fallecidos, más de 4 mil 147 heridos y cerca de 200 desaparecidos. Estas alarmantes cifras reflejan la urgencia ineludible de canalizar todos los recursos del Estado hacia el rescate, la atención médica y la supervivencia básica.El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el pasado lunes media Colombia ha dejado en suspenso la educación de decenas de miles de niños, especialmente en áreas rurales y menos desarrolladas.El contexto de pobreza, déficit crónico de infraestructuras y aislamiento geográfico de muchas de las comunidades afectadas hace además prácticamente imposible que los menores reciban clases virtuales mientras se reparan sus colegios, como propone el Gobierno colombiano, lo que pone en duda su proceso de formación.Las autoridades han registrado daños de diversa consideración en más de 3.200 escuelas del país (además de cerca de 300 fallecidos, unos 4.200 heridos y 143 desaparecidos), con especial incidencia en algunos de los puntos más pobres, como el departamento del Chocó (oeste).Precisamente en ese departamento se encuentra una escuela rural mixta de la remota aldea de La Encharca, en el municipio de Medio San Juan, a la que tan sólo se puede acceder en barca por el río Suruco, y que sigue sin electricidad, agua potable y conectividad desde el terremoto."Lo que pudieron hacer (los niños) fue acercarse a sus maestros y abrazarse, con ese miedo, viviendo la situación", asegura a EFE el líder comunitario John Freddy Ibarbo Mosquera, quien explica que algunas paredes de las aulas y los salones comunales "presentan grietas" tras el seísmo.Desde entonces los niños no han tenido clase, a la espera de una visita técnica de las autoridades regionales que revise la estructura de la edificación, y decida si son seguras y qué reparación precisan. "Los niños están a la expectativa de lo que pueda pasar", agrega.Este municipio pertenece a una región donde históricamente han hecho presencia el grupo narcotraficante Clan del Golfo y la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), una realidad que ha condicionado la vida de sus habitantes y que ahora también dificulta la respuesta a la emergencia.Esta nota fue creada con ayuda de inteligencia artificial y revisada por un editor con información de EFEMantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsAppNA