El futuro se construye a través de la educación y con ejemplaridad. El fenómeno educativo enseña y trasmite conocimientos y valores que norman la conducta de los futuros ciudadanos: solidaridad, respeto, responsabilidad, cooperación, honestidad, tolerancia, trabajo en equipo, empatía y otros más que solo existen si nos reconocemos como parte de la sociedad, si aprendemos a vivir con el otro y junto al otro. Para ello, es fundamental desarrollar las capacidades, habilidades y adiestramientos que cada uno debe sumar al capital social.Es preocupante la mentalidad de personas como la de un señor llamado Marx Arriaga, quien, durante el sexenio anterior, ocupó el cargo de director de Materiales Educativos de la Secretaría de Educación Pública, dependencia encargada de formular los contenidos para los libros de educación básica. Por razones que no se hacen públicas, el funcionario de marras recibió la orden de entregar las oficinas y, obviamente, el encargo con el que lo distinguió el presidente López Obrador, con el fin explícito de concebir e implementar el modelo educativo pomposamente designado “Nueva Escuela Mexicana”. Resulta que el que se autonombra ideólogo de la 4T no solo se aferró físicamente al cargo, sino que sentenció que su separación era un acto de traición a la patria. Envuelto en la bandera de la hoz y el martillo, se lanzó sobre la Presidenta Sheinbaum y el secretario de Educación, Mario Delgado, a quienes acusa de revisionistas y aliados del capitalismo. Vaya desmesura. De que la perra es brava hasta los de casa muerde. No deja de ser preocupante que la Presidenta señale que, independientemente de que este señor se haya ido, los libros ideados por él seguirán.Este incidente, y eso es lo grave, revela que quienes “gobiernan”, lo hacen con un sentido de facción y no para atender los problemas del desarrollo individual y colectivo. Debemos tener claro que la educación debe poner por encima de todo y de todos al educando, a la niña, al niño y a los jóvenes cuya formación depende sustantivamente de buenos padres y de buenos maestros; y el resultado final será buenos ciudadanos. La educación libera tu pensamiento, ordena tus ideas, refuerza tus valores. La educación desarrolla mujeres y hombres capaces de respetar a los demás, con quienes se puede dialogar al margen del dogma, del pensamiento único, excluyente e, incluso, con quienes piensan diferente, hablan diferente y viven diferente. La educación sirve para reducir distancias, aproximar al lejano, ayudar a quien lo necesita. De ahí la preocupación de que enfermos mentales, como el referido personaje, tengan en sus manos la conducción de este, el único proceso que nos acerca a la equidad de género y a la justicia social.Ante este panorama y considerando los efectos de las tecnologías y la globalización, es fundamental el papel de instituciones como la familia y las universidades para contribuir al desarrollo de los jóvenes, cuyo futuro se ve en riesgo frente a las precariedades de un sistema educativo ideologizado, lejano a los intereses de los mexicanos.