Jueves, 08 de Octubre 2026

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Vocabulario del diagnóstico

Por: Karely Zárate

Vocabulario del diagnóstico

Vocabulario del diagnóstico

En los últimos años, nos hemos apropiado del lenguaje psiquiátrico para describir situaciones de la vida cotidiana. Todos hemos utilizado conceptos clínicos para describir personas, los llamamos "narcisistas" o "bipolares". Para referirnos a dinámicas en nuestras relaciones utilizamos términos como "tóxico" o "gaslighting".  Incluso, nos autodefinimos con etiquetas similares como "ansiedad" o "apego ansioso". Pero cabe preguntarse, ¿este vocabulario clínico nos ayuda a entender mejor la complejidad humana, o solo nos sirve para crear generalizaciones?

La necesidad de explicar y ponerle nombre a aquello que se sale de la norma no es nueva. Durante el siglo XIX, términos como histeria o melancolía adquirieron significados médicos y sociales específicos. Mientras los nacientes saberes de la psiquiatría contribuían a definir lo patológico, la sociedad comenzaba a apropiarse de ese vocabulario para clasificar conductas bajo nuevas categorías. Los manicomios y otras instituciones, no solamente atendían padecimientos, también formaban nuevas maneras de nombrar aquello que se consideraba anormal y desconocido. Hoy en día no necesitamos una institución para clasificar conductas, basta una conversación, publicación o video para que aparezca una etiqueta y la aceptemos sin contextualizar a cada persona.

El nuevo vocabulario nos permite nombrar experiencias que antes quizá no sabíamos explicar, pero también puede hacer que confundamos descripción con diagnóstico. Un ejemplo claro aparece cuando contamos una historia a nuestros amigos: en vez de decir "me mintió", recurrimos al concepto clínico para decir "es narcisista". La diferencia parece pequeña, pero no lo es. Decir que alguien mintió describe una conducta, mientras que, llamarlo narcisista convierte esa conducta en una explicación sobre la persona. Así, una categoría psicológica puede terminar encerrando una relación compleja dentro de una sola etiqueta.

No obstante, algunos de estos términos tienen una utilidad para hacernos conscientes de ciertas formas de manipulación dentro de las relaciones. El gaslighting, por ejemplo, es utilizado con frecuencia para alertar sobre un comportamiento de manipulación en donde una persona hace dudar a otra sobre su realidad o memoria. Estos términos, que nacieron como una propuesta de llevar la psicología a las calles, han cumplido en parte su función al hacer visibles comportamientos que antes podían pasar inadvertidos. La contradicción se da cuando una categoría que sirve para identificar un comportamiento termina funcionando como una explicación completa de quien lo ejerce.  

Al final, esta apropiación puede responder a una necesidad de encontrar explicaciones sencillas para comportamientos que nos resultan difíciles de comprender. Una etiqueta ofrece una respuesta rápida: en lugar de detenernos en las circunstancias, las contradicciones o la complejidad de una persona, basta con nombrarla. Quizá esa sea la función de este vocabulario: convertir realidades complejas en conceptos fáciles de asimilar. Nombrar aquello que nos ocurre puede ayudarnos a entenderlo, pero también nos hace olvidar todo lo que queda fuera de una etiqueta.

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