Una guía completa para visitar Guadalajara debe incluir varias opciones, con sus respectivas advertencias.Pensemos en la ruta “cantera rosa”. El amable visitante deberá delimitar su visita a la cruz de plazas, y a la zona que lleva al Hospicio Cabañas. Con las debidas precauciones podrá hacer algún cuidadoso acercamiento al mercado de San Juan de Dios, de preferencia por la mañana. Ya con riesgos posibles de espectáculos poco atrayentes, asomarse a la plaza de los Mariachis, evitando ir más allá de ese perímetro. Ah, se advierte al turismo que es muy posible que las hermosas y remodeladas plazas se hallen cubiertas por pavorosas carpas, lo cual es como una invitación a volver, pero ya cuando las quiten, para que entonces sí aprecien la belleza de nuestro Centro Histórico. Para llegar a este sitio se recomiendan los pares viales; bajo ninguna condición salir del área señalada, de lo contrario se encontraría con lo que podríamos llamar la Guadalajara sin maquillaje, que tiene semanas de no bañarse, de no peinarse, de no cambiarse de ropa ni recoger su basura.Ahora que si al turista le gusta el realismo puro, pues pensemos en una ruta “barrios viejos”, con banquetas discontinuas, calles horadadas por un sinfín de baches, fachadas sin pintar o pintarrajeadas, postes chuecos, enjambres de cables enmarañados, luminarias en receso permanente, casas abandonadas, acordonadas, a punto de desplomarse, lo que daría a esta ruta un sabor extremo, sin mencionar la invasión indigente, la ausencia de tapas y rejillas sobre caños y alcantarillas y, además, todo un mundo por adivinar, considerando que las calles hace tiempo perdieron los letreros que indicaban sus nombres.Otra ruta sería “concreto vertical”; se recomienda hacerla en vehículo, por todo el poniente de la ciudad, para conocer y reconocer esa gama infinita de arquitectura contemporánea característica de ninguna parte, y de una variedad increíble, desde los altos edificios anodinos cuadrados, hasta los más audaces diseños, en entornos difusos y cuidados, con ingreso inaccesible; además, con la ventaja de que buena parte de estos edificios sigue en venta o en renta, por si el turista quiere invertir.La ruta “extrema” es un paseo nocturno, a pie o en rodada, para darle más emoción, por la periferia citadina, por esos rumbos del oriente, del Cerro del Cuatro al sur, o del norte, entre las carreteras de Colotlán y de Saltillo, o por el lejano Colli en el poniente, con provisión gratuita de chalecos antibalas y el encarecido ruego de no asistir sino con ropa sin marca y sin otro objeto que una identificación, anotando de antemano que pueden toparse con drenajes a cielo abierto, baldíos convertidos en junglas y basureros.Tenemos también una ruta “rosa”, la de las plazas comerciales del poniente urbano, espléndidas, enormes, limpias casi todo el día, con hermosas y modernas fuentes, cientos de tiendas de todo tipo, cines VIP, estacionamientos más grandes que las propias plazas, fondas modernas y restaurantes clásicos, vigilancia las 24 horas, abundante masa forestal, iluminación de primer mundo, escaleras eléctricas que sí funcionan, no como las del tren ligero, que son tan bipolares; la entrada es todavía libre, y si quieres compras y si no, pues no pasa nada, son como paseos techados con aire acondicionado abiertos a todo mundo, pero muy alejadas del todo mundo oriente tapatío.Por último, la ruta “segura”, es decir, la de los muchos museos que tenemos y que garantizan al visitante un recorrido tranquilo, sereno y sobre todo solitario, ya que en Guadalajara los museos suelen estar vacíos, lo mismo que las bibliotecas y las librerías, lo cual no nos impide ser sede de una de las ferias del libro más importantes del planeta.armando.gon@univa.mx