No quiero ser “pájaro de mal agüero”, pero posiblemente el pasado Mundial fue el último que vivimos en el formato tradicional -con todo el proceso de eliminaciones regionales hasta la misma final del torneo- en donde participaron las 211 federaciones o asociaciones que están afiliadas a la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), y que nos encontremos en la antesala de lo que será una nueva estructura u organigrama del balompié a nivel internacional. La exclusiva del periódico londinense “The Times” -publicada el martes pasado-, que confirma que el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, planea transformar la Copa del Mundo y el Mundial de Clubes, en algo así como sociedades anónimas, en donde además de las federaciones de los países se agregaran inversionistas privados, pone en jaque al deporte más popular del mundo. Y en esta nueva figura de privatización, aparece en la escena “por arte y magia” el presidente Donald Trump. El mismo que el pasado 5 de diciembre, durante el sorteo del Mundial que acaba de concluir, recibió de manos de Infantino el primer “Premio de la FIFA de Paz: El futbol une al mundo”, bajo el argumento de haber logrado la firma de un tratado “histórico” de paz entre la República Democrática del Congo y Ruanda.No fue el “famoso” tratado de paz lo que se celebraba en la entrega de ese injustificado reconocimiento, sino que era la culminación de la sociedad que Trump e Infantino estaban iniciando para apoderarse del apetitivo negocio del futbol internacional. De acuerdo con “The Times”, hay dos empresas asociadas al plan de privatizar esos torneos mundialistas -incluyendo los eventos femeninos-: La primera es Thrive Capital, propiedad de Joshua Kushner -hermano de Jared, el yerno del presidente Trump, que es pieza clave para muchos negocios del mandatario-, quien buscaría a los inversionistas, y la segunda, JP Morgan -el banco más grande de Estados Unidos y del mundo por su valor en bolsa y capitalización de mercado-.“Esto traspasa una línea que las instituciones que regulan el futbol nunca deberían de cruzar”, declaró Alexander Ceferin, presidente de la Unión de Asociaciones Europeas de Futbol (UEFA), quien es una de las voces más autorizadas y de más “peso” en el concierto internacional del futbol. Esa postura nos da una idea muy clara de lo que puede suceder con la voracidad de Donald Trump quien ha logrado al “tragarse” a Infantino, envolverlo y convencerlo de privatizar uno de los mejores negocios del mundo (hay que recordar el incidente en donde Trump admitió que le había pedido a Gianni Infantino que revisara la tarjeta roja en contra del jugador estadounidense Folarin Balogun, quien fue expulsado en el partido ante Bosnia-Herzegovina, provocando que el organismo diera marcha atrás después de una “revisión” de la jugada), y de la crisis que se pudiera provocar al interior de la FIFA con una desintegración parcial, por lo que no descarte el surgimiento de un nuevo organismo que decida continuar con el organigrama actual y no ser parte del nuevo modelo de privatización -como negocio personal- que Trump e Infantino pretenden.Usted, ¿qué opina?