Milly Alcock vuela alto, ofrece una interpretación sólida y de talante interplanetario para decirnos: “Sí, yo también soy ‘Supergirl’”. La actriz australiana reclama el uniforme y la capa de este icónico personaje de DC con un reto complicado: estar a la altura de las actrices más prominentes que previamente han asumido el manto de la prima de Superman. Sobre todo porque, en su momento, cada una ha logrado darle su sello al personaje: Helen Slater en la película de 1984, Melissa Benoist en la serie de 2015 (y quien la ha interpretado por más tiempo que ninguna otra) y Sasha Calle en “The Flash” (2023).Aplaudida como la joven Rhaenyra Targaryen en la primera temporada de “La Casa del Dragón” (HBO), Alcock tiene argumentos para ser también recordada como Kara Zor-El, la joven superviviente de la trágica destrucción del planeta Krypton. En “Supergirl”, la conoceremos justo cuando celebra su cumpleaños 23, yéndose de farra por la galaxia, acompañada de Krypto, su mascota superpoderosa. Su borrachera se verá interrumpida cuando Kara conozca a una chica de 13 años que busca venganza por la muerte de sus padres. Aunque renuente a ayudarla, Kara se involucrará cuando (al más puro estilo “John Wick”) su perro es envenenado. El antídoto, claro, está en posesión del villano de la película.Dirigida por Craig Gillespie, mejor conocido por la premiada “Yo, Tonya” y la exitosísima “Cruella”, la flamante “Supergirl” nos refrenda la capacidad de este cineasta para colaborar con sus actrices estelares. Lo que ya logró en mancuerna con Margot Robbie en la cinta sobre la infame patinadora o con Emma Stone en la cinta de la villana de Disney, ahora lo alcanza con Alcock en el contexto de una película de talante comercial, accesible y relajiento.Por otro lado, “Supergirl” es una pieza de cine de superhéroes que intenta luchar contra el desgaste del género, cosa con la que todas las cintas de su estirpe batallan en la actualidad. En fondo y forma, claramente dialoga con los intereses estilísticos de su productor, James Gunn, actual líder del DCU, de tal modo que encontrarás un largometraje que comparte el tono de comedia sci-fi que el público contemporáneo asocia con el de los “Guardianes de la Galaxia”, un soundtrack fantástico y una estética maximalista.Llama la atención, en todo caso, la evidente relación que guarda el imaginario de esta “Supergirl” con el de la “ciencia ficción dura” para tratar de encontrar su diferenciador: la propuesta visual y la gradación fílmica de “Supergirl” recurren a las enseñanzas de tótems del género como “Star Wars”, “Dune”, “El quinto elemento” o “Mad Max”. La cinta de Gillespie se asume como una ciencia ficción colorida y consciente del legado de esa tradición cinematográfica, pero con un concepto despreocupado.Entretenida, estridente y quinésica, sí, pero no inmune a la kriptonita argumental: a diferencia del Superman del año pasado, que nos presenta al héroe sumergido en un escenario político complejo donde hay dos territorios en conflicto y una clara disparidad de poder militar entre rivales, en “Supergirl” se siembra otro tema importante y de actualidad: nuestra heroína descubre que el villano de la película está traficando con jovencitas para venderlas al mejor postor. Sin embargo, la alegoría sobre el tráfico humano no florece. El conflicto que generaría más fricción en Kara (incapaz de asumir que la Tierra y la humanidad son ahora su “hogar”, desinteresada por la otredad porque prefiere el alcohol a la responsabilidad) queda relegado al segundo plano: se vuelve más importante salvar al perro; las “hijas robadas y desaparecidas”, las familias incompletas, son una misión casi colateral. Ahí es donde la cinta pierde fuerza, donde le dice adiós a la posibilidad de ser “más que el resto del cine de superhéroes”, donde la Kara inconformista, ruda y en busca de sentido se ve mediada en su arco dramático. Hay un “temor” evidente al tratar de elevar la trama de “Supergirl” a los niveles que la protagonista merece. Y ya que estamos con los bemoles de este largometraje que dice tener alma rockera, el Lobo de Jason Momoa nomás está de puro adorno, poco aporta, incluso si él fuese la encarnación misma del famoso antihéroe.Con todo, el saldo de “Supergirl” es a favor desde la trinchera del entretenimiento: la cinta divierte, Alcock cumple y el personaje tiene su propio fulgor. ¿Pudo ser una cinta más “poderosa” en su discurso? Sí. ¿La pasarás bien? Me atrevo a pensar que también.