Martes, 18 de Agosto 2026

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Siempre víctimas

Por: Jonathan Lomelí

Siempre víctimas

Siempre víctimas

La voluntad de un menor o adolescente que acepta una oferta de reclutamiento para incorporarse a las filas del crimen organizado es irrelevante cuando padece condiciones de pobreza y desigualdad.

Esta simple y poderosa idea, planteada por Elena Azaola, antropóloga, psicoanalista y autora de “Nuestros niños sicarios” (2020), resquebraja la visión de la clase política cuando ésta sostiene que “se fueron por su propia voluntad”. Eso es, sencillamente, imposible.

La historia irrumpió en medios locales y nacionales el 30 de junio pasado. Los adolescentes Justin, Jordan y Christopher, todos entre 13 y 15 años, desaparecieron tras asistir a su graduación de la Secundaria Técnica 113 en Lomas del Paraíso, en Guadalajara.

Sólo dejaron un mensaje a su familia: se iban a trabajar a la sierra por tres meses. Tras nueve días de protestas y movilizaciones de familiares, los tres menores regresaron de madrugada a sus casas.

Los adolescentes fueron enganchados por una oferta de trabajo del crimen organizado en donde fungió como enlace un cuarto joven que los acompañaba el día que desaparecieron.  

Lomas del Paraíso es una Colonia al Norte de Guadalajara con niveles medios-altos de marginación, según datos de CONAPO. Significa que hay carencias de infraestructura, servicios e ingreso familiar insuficiente.

En un mensaje enviado a su madre por uno de los adolescentes, éste aludió a la ceremonia de graduación como un día feliz, pero refirió que “la vida tuvo otros planes”. En el texto se lee la aspiración de un menor que desea salir adelante.

Las palabras de Azaola resuenan aún en mi cabeza. Las expresó durante la conferencia sobre reclutamiento forzado en México, misma que presencié el fin de semana y referí en mi columna pasada titulada “Enganchados”.  

“Cuando una persona, por su condición de vulnerabilidad, se le hace formar parte de grupos armados o delictivos resulta intrascendente su voluntad para ello, ya que en realidad no tiene otra opción”.

En palabras de la antropóloga -citando a otro autor, Rodrigo Peña-, el reclutamiento forzado de menores vulnerables no se trata de “ingenuidad individual sino de desamparo social”. Para ellos, la vida tiene otros planes.

Los menores y adolescentes potencialmente reclutados están ansiosos de oportunidades para imitar un estilo de vida que sólo pueden atestiguar en redes sociales, justo en donde sus captores los enganchan. Sobre esto abundaré mañana.

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