Miércoles, 04 de Noviembre 2026

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¡Se abrió la chequera! Skubal, Arozarena y las estrellas que pueden sacudir las Grandes Ligas

Por: Salvador Cosío Gaona

¡Se abrió la chequera! Skubal, Arozarena y las estrellas que pueden sacudir las Grandes Ligas

¡Se abrió la chequera! Skubal, Arozarena y las estrellas que pueden sacudir las Grandes Ligas

Apenas se apagaron los reflectores de la Serie Mundial y comenzaron a encenderse las calculadoras de los propietarios de Grandes Ligas. Milwaukee todavía celebra su histórico campeonato, Tampa Bay digiere la derrota y los poderosos que fracasaron en octubre preparan sus movimientos. Porque terminó la batalla por el trofeo, pero acaba de comenzar otra competencia que también puede decidir campeonatos: la guerra por los mejores agentes libres.

Y esta vez hay nombres capaces de sacudir el mercado, modificar las aspiraciones de varias franquicias y provocar contratos extraordinarios. Al frente aparece Tarik Skubal, el formidable zurdo que se perfila como la joya más codiciada de la agencia libre. A sus 30 años para la próxima temporada, reúne condiciones que escasean incluso entre los lanzadores estelares: dominio, consistencia, capacidad para encabezar una rotación y suficientes años productivos por delante para justificar una inversión monumental.

No sería extraño que su contratación desatara una disputa de dimensiones históricas. El antecedente de los 325 millones de dólares garantizados a Yoshinobu Yamamoto constituye una referencia inevitable, y Skubal tiene argumentos para aspirar a superar semejante cifra. Dodgers, Yankees, Mets y cualquier organización con recursos y necesidades de pitcheo tendrán motivos para estudiar sus posibilidades, aunque una cosa es desear contratarlo y otra estar dispuestos a pagar el precio.

Pero Skubal no está solo. Freddy Peralta, Trevor Rogers, Kevin Gausman, Sonny Gray y otros brazos experimentados aparecen entre los lanzadores más atractivos del mercado. Sus posibles contrataciones pueden modificar el equilibrio de fuerzas entre los aspirantes al campeonato, especialmente porque disponer de una rotación confiable sigue siendo una de las condiciones fundamentales para sobrevivir a octubre.

Entre los bateadores sobresale Randy Arozarena, el cubano naturalizado mexicano que después de haber brillado con Tampa Bay se convirtió en una figura importante de los Marineros de Seattle. Su situación tiene un ingrediente especialmente emotivo: el pasado 27 de septiembre, durante el último encuentro de la temporada regular, salió del terreno en la séptima entrada y recibió una prolongada ovación de pie de los aficionados del T-Mobile Park. Randy respondió descubriéndose la cabeza y saludando a las tribunas, en una escena que tuvo todos los ingredientes de una despedida.

No existe todavía certeza absoluta de que no regrese a Seattle, pero su contrato concluyó y se encuentra en condiciones de negociar como agente libre. Después de una temporada en la que conectó 26 cuadrangulares, robó 26 bases y registró un promedio de .281, el mexicano dispone de argumentos deportivos suficientes para aspirar a un contrato importante. Sus antecedentes de postemporada, velocidad, agresividad y capacidad para encender a las tribunas aumentan su atractivo. Será interesante conocer cuánto están dispuestos a ofrecerle los Marineros para retenerlo y qué otras organizaciones buscarán incorporarlo.

También destacan Jazz Chisholm Jr., Seiya Suzuki, George Springer, Ian Happ, Brandon Lowe, Luis Arráez y Eugenio Suárez. Son peloteros de características distintas, pero suficientemente valiosos para modificar alineaciones y resolver algunas de las debilidades que quedaron al descubierto durante la temporada recién concluida.

La representación mexicana merece atención especial. Además de Arozarena, figuran entre los peloteros disponibles los hermanos Luis y Ramón Urías, Patrick Sandoval y José Urquidy, así como Alex Verdugo, de ascendencia mexicana. Cada uno llega con circunstancias deportivas, antecedentes y expectativas económicas diferentes, pero todos forman parte de un invierno que podría modificar sus respectivos destinos profesionales.

En contraste, Jonathan Aranda y Joey Ortiz, protagonistas de la reciente Serie Mundial, no llegan todavía a la agencia libre. Lo mismo ocurre con otros mexicanos consolidados que permanecen bajo control contractual de sus organizaciones. Conviene distinguir entre los jugadores que pueden negociar libremente y aquellos que eventualmente podrían cambiar de uniforme mediante intercambios.

Los Dodgers tendrán que revisar las razones de su fracaso, especialmente la construcción y funcionamiento del cuerpo de lanzadores. Yankees necesitan algo más que nombres famosos para volver a competir seriamente por la corona. Mets, Filis, Padres y otros clubes de elevada inversión tampoco pueden conformarse con las promesas incumplidas de la temporada anterior. Sin embargo, llenar huecos mediante contratos millonarios no garantiza resolver los problemas colectivos que los llevaron a la eliminación.

El propio Milwaukee acaba de demostrarlo. Su campeonato fue resultado de una organización coherente, decisiones oportunas, profundidad en el plantel y un conjunto que supo competir cuando más importaba. La lección debería ser evidente para los propietarios acostumbrados a considerar que el éxito puede adquirirse simplemente ofreciendo más dinero que sus rivales.

Pero esta danza de millones también obliga a plantear una cuestión que merece un análisis mucho más profundo: ¿hasta dónde pueden crecer los salarios de algunas superestrellas y qué consecuencias tiene semejante escalada sobre los gastos generales de las organizaciones y, finalmente, sobre el bolsillo de quienes sostienen el espectáculo?

Los enormes contratos forman parte de una industria que genera ingresos extraordinarios mediante derechos de transmisión, publicidad, patrocinios, comercialización y asistencia a los estadios. Sin embargo, el crecimiento de los costos, las exigencias de rentabilidad y las estrategias comerciales también terminan reflejándose en entradas cada vez más costosas, estacionamientos, alimentos, bebidas y toda una experiencia que puede resultar prohibitiva para numerosas familias.

No se trata de culpar exclusivamente a los peloteros, cuyo talento genera buena parte de la riqueza del negocio, ni de suponer que una reducción salarial produciría automáticamente boletos baratos. Se trata de preguntarnos hasta dónde puede llegar una industria que paga fortunas extraordinarias mientras una familia necesita desembolsar cantidades cada vez mayores para disfrutar unas horas de béisbol. Es un asunto que bien merece volver a estas páginas.

Hay además una circunstancia que podría transformar profundamente las negociaciones. El convenio colectivo entre Grandes Ligas y la asociación de peloteros vence el próximo primero de diciembre, y la posibilidad de un cierre patronal amenaza con interrumpir la actividad normal de la temporada baja. Por eso algunos contratos podrían acelerarse antes de esa fecha, mientras otros quedarían sujetos a la incertidumbre sobre las nuevas condiciones laborales.

La danza de los millones apenas comienza y pronto sabremos qué organizaciones están dispuestas a corregir sus errores, cuáles buscarán conservar a sus figuras y cuáles volverán a confundir el tamaño de su chequera con la calidad de su proyecto deportivo.

¡SE ACABÓ OCTUBRE Y COMENZÓ LA GUERRA DE LOS MILLONES! SKUBAL PUEDE ROMPER RÉCORDS, AROZARENA BUSCARÁ UN GRAN CONTRATO Y LOS GIGANTES DERROTADOS TENDRÁN QUE DECIDIR SI QUIEREN RECONSTRUIR EQUIPOS GANADORES O SIMPLEMENTE SEGUIR ACUMULANDO ESTRELLAS. PORQUE LOS CAMPEONATOS NO SE COMPRAN: SE GANAN JUGANDO MEJOR AL BÉISBOL.

Y QUEDA UNA PREGUNTA QUE NO DEBERÍA IGNORARSE: SI LOS CONTRATOS MILLONARIOS SIGUEN CRECIENDO, ¿HASTA CUÁNDO PODRÁ EL AFICIONADO COMÚN PAGAR EL PRECIO DE ENTRAR A UN ESTADIO?

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