Ahora sí llegó la salud universal: todos podrán atenderse donde quieran, ya sea en el IMSS o en el ISSSTE, aunque no sean derechohabientes. La Presidenta Claudia Sheinbaum lo anunció como un avance histórico, casi digno de exportación. Y sí, en teoría suena impecable: eliminar barreras, compartir servicios y garantizar atención para todos.El detalle —porque siempre hay uno— es que el sistema actual apenas respira. Hoy, conseguir una cita puede tomar meses. Y una cirugía, más paciencia que fe.Los sindicatos ya levantaron la ceja, advirtiendo saturación, falta de personal y hospitales rebasados. Pero tranquilos, habrá credencial, app y hasta inteligencia artificial.Lo único que no queda claro es si también habrá citas. ¿O qué? * * * Las vacaciones parecen haber despertado la creatividad institucional, aunque el problema lleva décadas pidiendo algo más que buenas intenciones.Ahora, la Red de Centros de Justicia para la Mujer en Jalisco anuncia talleres en escuelas para prevenir la violencia de género. Charlas, capacitación y mucho entusiasmo, pero mucho.La idea es buena: sembrar igualdad desde la niñez, educar en el respeto y atacar la raíz. Nadie podría estar en contra. El problema es que, mientras llegan los talleres, las cifras siguen creciendo y las colonias que son un “foco rojo” ya no caben en el mapa.Por eso la pregunta incómoda sigue en el aire: ¿Alcanzarán las pláticas para resolver lo que varios años de omisiones, impunidad y simulación no han podido? * * * En el Congreso de Jalisco no hay descanso… pero tampoco escasez de “ideas innovadoras”. Ahora, la bancada de Morena busca elevar a rango constitucional las fiestas populares: desde el mariachi hasta los palenques, pasando —cómo no— por la tauromaquia.La propuesta suena a defensa de tradiciones, identidad y cultura. Todo muy noble, muy folclórico… y muy conveniente. Porque mientras se discuten toros, cohetes y ferias, otros temas menos festivos siguen esperando turno.Convertir en patrimonio lo que divide opiniones es, sin duda, una jugada audaz. Algunos le llaman protección cultural; otros, distracción legislativa con música de fondo.Lo que sigue pendiente es si también habrá la misma energía para resolver los problemas que no caben en una fiesta.