Miércoles, 28 de Octubre 2026

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Saber terminar y la ilusión de comenzar

Por: Dra. Isabel Álvarez Peña, Decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Panamericana

Saber terminar y la ilusión de comenzar

Saber terminar y la ilusión de comenzar

Hay momentos en la vida que nos obligan a detenernos, uno de esos momentos es cuando cerramos ciclos. No siempre es sencillo, pues invariablemente requiere despedirse de personas, responsabilidades, proyectos, lugares, etcétera. Sin embargo, concluir una etapa también nos abre la posibilidad de iniciar cosas nuevas.

En una sociedad en la que se suele medir el éxito por la capacidad de producir, pocas veces reflexionamos sobre el valor de concluir. La vida está hecha de ciclos, la infancia da lugar a la adolescencia, la adolescencia abre paso a la vida adulta y la vida adulta da lugar a la vejez.

Se cierran ciclos cuando algo no ha salido bien, pero también cuando se ha cumplido una misión. Quienes tenemos la responsabilidad de dirigir personas e instituciones sabemos que el liderazgo no consiste sólo en iniciar proyectos, alcanzar objetivos o tomar decisiones difíciles, sino comprender que los cargos son temporales, pero las contribuciones y la huella que dejamos en las personas puede trascendernos.

Cerrar una etapa requiere gratitud por todo lo que recibimos, humildad para reconocer que lo que logramos no fue un esfuerzo aislado, sino el trabajo de muchas personas y generosidad para que otras personas continúen lo que comenzamos o que hagan las cosas de manera distinta. No somos dueños de todas las historias en las que participamos, pero sí somos responsables de la manera en la que escribimos nuestra parte.

Hay despedidas que se viven con alegría y otras con tristeza, ante estas últimas puede existir la tentación de aferrarnos al lugar en el que estamos, no porque nos aporte algo o nosotros podamos aportar algo, sino por el miedo a lo desconocido.

Pero no se trata de ignorar la tristeza que toda pérdida lleva consigo, sino de comprender que el final de una etapa no es el final de nuestra capacidad de aprender, construir, ilusionarnos, pero sobre todo de servir.

Siempre tenemos la posibilidad de comenzar otra vez.

Comenzar nos debe llevar, al menos, a plantearnos algunas preguntas ¿Qué vale la pena conservar? ¿Qué debemos cambiar? ¿Qué talentos hemos dejado de desarrollar? ¿A quién debemos escuchar? En definitiva, ¿Qué podemos hacer para ser mejores?

Iniciar nuevos proyectos implica necesariamente honrar el pasado sin quedarnos atrapados en él e ilusionarse con el futuro sin despreciar lo que nos ha traído hasta aquí.

Los finales sin duda requieren ser vividos con paciencia y con conciencia, agradeciendo las oportunidades y las cosas que en el momento que sucedieron pudieron parecer más un motivo para renegar que para agradecer; agradecer a quienes caminaron y construyeron a nuestro lado; aprender de los errores; para poder soltar.

Cerrar un ciclo es también una forma de esperanza, saber que nuestra vida no concluye al terminar una etapa, sea cual fuere; porque significa que podemos seguir aprendiendo, volver a iniciar, pero sobre todo servir a los demás, pues en palabras de Santa Teresa de Calcuta: “el que no vive para servir… no sirve para vivir”.

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