El progreso capitalista se presenta siempre como una trayectoria de crecimiento imparable de todo lo que las dinámicas de acumulación de capital necesitan para realizarse: más tierras, más recursos, más plantas industriales, más producción y por lo tanto, más mano de obra para realizar el ciclo de la ganancia. Si se cumplen con estas condiciones, habría progreso para las poblaciones donde se desplieguen estas dinámicas de acumulación mediante el trabajo asalariado y los bienes y servicios que, supuestamente, el Estado debe proveer a sus ciudadanos. Detrás de toda esta incesante promesa de progreso, se encuentra la producción de energía para que toda la maquinaria capitalista siga funcionando y reproduciéndose.Para cumplir con estos preceptos de la incesante producción de mercancías para la realización del capital, los Estados se convierten en agentes al servicio de esta dinámica, especialmente mediante la construcción de infraestructuras (megaproyectos) que incluyen provisión de agua, tierra, vías de transporte (de personas y mercancías) y energía.Pero estas dinámicas de acumulación dejan siempre de lado las externalidades que produce la acumulación incesante del capital: la devastación ambiental, la explotación de los bienes comunes, y el despojo de territorios y bienes de quienes ocupan anteriormente (o ancestralmente) estos territorios. Con esto se cumple una de las condiciones originarias de acumulación de capital: el despojo de los medios de vida de las poblaciones donde se llevan a cabo estas inversiones de capital y de megaproyectos.Todo este rodeo para tratar de situar lo que está en conflicto en estos momentos entre el gobierno federal y estatal, y las comunidades organizadas que ya se han pronunciado en contra de una nueva termoeléctrica que acaba de ser anunciada por la CFE en Acatlán de Juárez.Se trata del proceso de licitación de la Central de Ciclo Combinado (CCC) Guadalajara que publicó el día 10 de septiembre la CFE, en un predio de 22.9 hectáreas en el Parque Industrial Centro Logístico, en Acatlán de Juárez, y en los límites con Zacoalco de Torres. De llevarse a cabo, esta termoeléctrica tendría una capacidad de producir 480.50 megawatts (MW) y una proyección para producir hasta 1,000 MW a mediano plazo. Eso equivale al 20 por ciento del consumo de energía eléctrica en Jalisco.El pronunciamiento hecho público por una docena de pueblos, ejidatarios, colectivos en defensa del territorio, académicos y asociaciones civiles aduce dos principales razones: la instalación de esta termoeléctrica operaría con enorme extracción de agua de pozos profundos en un acuífero y una cuenca sobreexplotadas, lo que provocaría afectaciones hidrológicas irreversibles para las poblaciones de esta cuenca. Y la otra razón es que este megaproyecto “representa una amenaza directa contra los humedales de la cuenca Laguna Villa Corona B en la que se encuentra la laguna de Atotonilco, que cuenta con el estatus de Sitio Ramsar de Importancia Internacional (N° 1607) y fue formalmente declarada como Área Estatal de Protección Hidrológica hace apenas unos meses por el propio Gobierno de Jalisco”, con 3,671 hectáreas.Pero además de estas afectaciones directas, si se lleva a cabo este megaproyecto, su diseño está planeado para abastecer de energía eléctrica a las actuales y futuras empresas de la industria electrónica, lo que replicaría el “infierno ambiental” que ya padecen las poblaciones de El Salto y Juanacatlán, principales localidades afectadas por la promesa de progreso a través del desarrollo industrialista arrancado hace más de 60 años.Advierten los colectivos y pueblos que firman este pronunciamiento: “La CCC Guadalajara generaría la energía barata que requieren las grandes industrias pesadas, acelerando un proceso de industrialización intensiva en Acatlán de Juárez, Villa Corona, Zacoalco de Torres, Tala y Jocotepec. Esta cuenca, sus humedales y las actividades productivas que sustentan, no soportarían este tipo de presión industrial, ya que estarían demandando nuevas vialidades, servicios, tránsito y vivienda de alta densidad para los nuevos trabajadores. La incorporación de estos pueblos a la dinámica metropolitana sería inminente”.Otro riesgo que advierten es que ya el gobernador anticipó que la energía de esa termoeléctrica serviría también para abastecer a Centros de Datos que se busca instalar en ese parque industrial, “que son conocidos por su alta demanda de agua y energía y por su ruido incesante”. Por todas estas razones muestran su respaldo a las poblaciones de Acatlán de Juárez, Villa Corona, Zacoalco de Torres y comunidades aledañas a la Laguna de Atotonilco y exigen que se cancele la licitación.Firman el pronunciamiento: Asamblea de Pueblos en Resistencia, Un Salto de Vida, Centro de Estudios de la Barranca, Colectivo Defendamos el Cerro de la Reina, Comunidad Indígena de San Francisco Ixcatlán, Comité Agua y Vida de Santa Cruz de las Flores, ejidatarios de Tala, Frente en Defensa del Río Osorio, Observatorio del Despojo, Red de Monitores del Agua en la Región Valles y Lagunas, Resistencia Civil por el Valle y Conexiones Climáticas. El Gobierno debe escuchar sus argumentos y reconsiderar ese megaproyecto. El desastre que ha dejado el desarrollismo industrial en El Salto y Juanacatlán debería verse como una premonición del infierno ambiental que podría crearse si se lleva a cabo este megaproyecto.rubenmartinmartin@gmail.com