Ni los opositores ni los aliados de Morena le dieron la bienvenida al esbozo de la reforma político electoral que promueve y que presentó ayer la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.Sin poder hacer juicios definitivos de los pros y los contras que se dejan entrever en el PowerPoint que expusieron ayer en la mañanera y que aseguran es la base de la iniciativa que presentarán el próximo lunes en el Poder Legislativo, el rechazo expresado ayer es producto de la simulación en la que resultó la consulta pública, en la que nunca hubo un verdadero debate que tomara en cuenta las propuestas no oficialistas, y por quedar como una reforma electoral, que a diferencia de todas las anteriores que provenían de la oposición, esta vez fue concebida desde y para el poder.Eso se veía venir desde la alineación de la Comisión para la Reforma Electoral, que por decreto presidencial se anunció el lunes 4 de agosto pasado, donde puso al frente al entonces recién desplazado de la Unidad de Inteligencia Financiera, Pablo Gómez, acompañado de sólo allegados a la 4T (Rosa Icela Rodríguez, de Segob; José Merino, de la Agencia de Transformación Digital; Ernestina Godoy, Consejera Jurídica; Lázaro Cárdenas Batel, de la Oficina de la Presidencia; Jesús Ramírez, Coordinador de Asesores; y Arturo Zaldívar, Coordinador de Política y Gobierno).Por eso fue prácticamente en automático que descalificaron las propuestas de que los 500 integrantes de la Cámara de Diputados, y no 300 como ahora, sean por votación directa y se reduzca de 128 a 96 en el número de senadores; disminuir 25 por ciento el costo de las elecciones reduciendo el presupuesto al INE, a los partidos políticos, a los Órganos Públicos Locales Electorales (OPLES), a los tribunales electorales, y en Congresos locales y Ayuntamientos reduciendo a 15 máximo el número de regidores; aumentar la fiscalización, entre otras cosas, prohibiendo aportaciones en efectivo; facilitar el voto en el extranjero; bajar de 48 a 35 minutos los tiempos de radio y televisión; regular el uso de la inteligencia artificial; eliminar el PREP; generalizar las figuras de la democracia participativa: referéndum, plebiscito, consulta popular y revocación de mandato; no nepotismo con la prohibición de heredar candidaturas de elección popular a cónyuges, hijos, hermanos y otros familiares; así como prohibir la reelección consecutiva en todos los cargos de elección popular a partir del 2030.La oposición insiste en que con esta reforma la 4T pretende la embestida final para capturar totalmente al INE y dejar en desventaja de recursos a sus contendientes políticos para serruchar la escalera que en su momento le permitió a Morena y a sus aliados acceder al poder.A sus aliados del Partido del Trabajo (PT) y del Partido Verde no los han podido convencer en dos reuniones esta semana, porque saben que se les acaba el negocio, y se ve muy poco probable que los alineen de aquí al lunes que presentarán la iniciativa al Congreso.Por eso la reforma electoral de la Presidenta está en vilo, a pesar de su mayoría calificada, con la que aprobaron el esperpento de la Reforma Judicial en septiembre de 2024, como ofrenda final a AMLO.