Hace algunos meses, publiqué en este espacio una breve explicación de lo que hoy conocemos como la Manósfera, entendida como un conjunto de espacios digitales que promueven el odio y la misoginia hacia las mujeres enfatizando la superioridad del hombre y el rescate de modelos tradicionales y violentos de masculinidad. En marzo de este año, la plataforma Netflix estrenó el documental titulado “Inside Manosphere” producido y conducido por el periodista Louis Theroux donde logra entrevistar a un grupo de llamados influencers de la hipermasculinidad desde la visión de los negocios, algunos de ellos fraudulentos, lo cual permite hablar de esta esfera de odio no solo como una ideología, sino como toda una industria. Este documental ha sido ampliamente criticado por diferentes sectores de la academia internacional, debido a que se considera que no realiza una crítica dura y enfocada en datos, sino que fortalece el sentido aspiracionista de este tipo de conductas al mostrar a estos hombres desde la estética del lujo y el glamour. Es decir, no hay una visión crítica desde la cual cuestionar el éxito masculino a partir de sus conductas ilícitas, de odio y misoginia.Hablar de la manósfera es un asunto delicado porque mostrar cómo viven estos hombres desde lujos, poder y riqueza, puede ser contraproducente para generar críticas sociales focalizadas en sus prácticas de odio, sobre todo en medio de este mundo desde donde la riqueza ocupa un lugar aspiracional relevante. La crítica tendría que ser en torno a acceder a la riqueza y al lujo, sin importar si se hace desde el odio, la criminalidad o la delincuencia. Comprender la manósfera no tendría que ser un asunto banal, y para ello, habría que fortalecer las investigaciones policiales y de inteligencia en torno a la forma en la que estos imperios del lujo y el odio se construyen y se colocan como una maquinaria de construcción de sentido. Es por ello que la detención de los hermanos Tate, resulta relevante. Algunos de los principales actores y constructores de esta manósfera, son los hermanos Tate, Andrew y Tristan, mismos que en este mes de julio, fueron arrestados en Miami enfrentando 59 cargos por diferentes delitos de índole sexual cometidos entre los años 2010 y 2017. Esta es la segunda vez que son arrestados por presuntos delitos relacionados con la trata de personas con fines de explotación sexual y violación. La primera vez fue en el año 2022 cuando después de que las principales plataformas de redes sociales anunciaran la cancelación de sus cuentas por incitar al odio, la policía de Rumanía les arrestó por cargos de trata de personas y relaciones con mafias de trata internacionales, en aquel entonces llevaron a cabo su proceso en prisión domiciliar, hasta que en 2025 salieron en su jet privado de Rumanía a la Florida en Estados Unidos donde fueron arrestados este mes. Ambos hermanos de 39 y 38 años de edad, construyeron un imperio digital en donde mostraban a los hombres una vida llena de lujos y riqueza. De hecho, es difícil saber el origen de su riqueza desde donde han construido la imagen de hombres valientes, fuertes físicamente y con supuesto control de su salud mental a partir del ejercicio del poder vertical y autoritario, fundamentalmente ejercido contra las mujeres a quienes consideran inferiores y responsables de sus propias vivencias de violencia. De hecho, el propio Andrew Tate se definió como una persona de odio al decir: “soy absolutamente misógino, soy un hombre realista y la realidad es misógina”. El abogado de ambos hermanos dice que son inocentes y busca que no sean extraditados a Inglaterra para llevar su juicio. Lo importante es que poco a poco iremos conociendo datos claros sobre los 59 cargos que tienen en su contra, y eso, ya fortalecería hablar de cómo se han ido construyendo estos imperios de odio y anti derechos. Más allá de mostrar cómo se vive desde el odio y la misoginia, tenemos que ser capaces de explicar cómo es que estos imperios se construyen desde lógicas y prácticas ilícitas y/o delictivas. Significar el odio no solo desde una visión ideológica, sino como una práctica social capaz de construir realidades objetivas y subjetivas que emergen a nivel mundial. No es solo un asunto moral o ideológico, es un tema de realidad cotidiana que articula nuestras relaciones sociales y delinea procesos de construcción de sentido que son difíciles de intelegir.