Hace poco más de una década, luego de la tercera detención del entonces capo más buscado del mundo, Joaquín “El Chapo” Guzmán, que a diferencia de su socio fundador del Cártel de Sinaloa, Ismael “El Mayo” Zambada, sí fue perseguido por el gobierno mexicano, me preguntaba de qué tamaño tuvo que haber sido la nómina de sobornos a la clase política y gubernamental de Jalisco, y a sus corporaciones policiales, y desde luego a las representaciones del Gobierno federal en la Entidad, fuerzas castrenses incluidas, para haber podido mantener y aumentar la red de protección de narcopolíticos que heredó de sus coterráneos sinaloenses Ernesto Fonseca Carrilo, Rafael Caro Quintero y Miguel Ángel Félix Gallardo, que llegaron a tierras tapatías a instalar el tristemente célebre Cártel de Guadalajara desde los inicios de los años ochenta del siglo pasado.Por cierto, esa red de complicidades corruptas de las entonces autoridades de Jalisco y de México se rompieron por la presión de Estados Unidos luego del secuestro y asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, cuando salía del Consulado americano de Guadalajara un 7 de febrero de 1985.Fue tal el poder corruptor que le permitieron desarrollar al Chapo desde el momento de la caída de esos tres capos en Jalisco y en el país, que, en el 2001, en pleno inicio de la alternancia política con Vicente Fox, fue el primero en fugarse en México de una cárcel de alta seguridad cuando era el preso 508 en el recién estrenado penal federal de Puente Grande, hoy en desuso.Tendrían que venir dos nuevas detenciones, porque las complicidades le permitieron también fugarse del penal de Almoloya en 2015, hasta que fue reaprehendido en enero de 2016 y extraditado a Estados Unidos en 2017.Terminó el sexenio de Enrique Peña Nieto, en el que se le detuvo al Chapo dos veces, y de Andrés Manuel López Obrador, y nunca supimos de los narcopolíticos que lo hicieron crecer tanto en Jalisco y en el país.Tampoco hemos sabido de la red de protección que desde el poder político y gubernamental se le dio por años al Cártel Nueva Generación, que dirigió por años aquí Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, hasta su detención y abatimiento en febrero pasado.Por eso la pregunta es si ahora que el titular de la Administración para el control de Drogas de Estados Unidos (DEA), Terry Cole, lanzó ayer una advertencia a funcionarios mexicanos que protejen a esta organización delictiva, que “si lucran con el sufrimiento ajeno o utilizan cargos públicos para proteger a los cárteles (…) la DEA va por ustedes” y que “ningún título, cargo ni conexión política los protegerá”, significará como ocurrió en Sinaloa luego de la extracción de “El Mayo”, que pronto estén pidiendo detener a miembros, pasados y presentes, de las élites políticas y de poder en Jalisco que protegieron al Cártel que desde Jalisco se hizo el más poderoso del mundo.