Viernes, 25 de Septiembre 2026

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Malasia: del déficit a la inversión

Por: Gustavo de Hoyos Walther

Malasia: del déficit a la inversión

Malasia: del déficit a la inversión

La relación económica de México con Malasia es curiosamente asimétrica: compramos mucho y recibimos poco capital. En 2024, México figuró entre los países con los que Malasia registró sus mayores superávits comerciales, de unos cinco mil 440 millones de dólares. En contraste, la inversión directa malasia en México ese año fue de apenas 50.7 millones, y el acumulado desde 1999 ronda los 735 millones, concentrado sobre todo en Veracruz. Malasia nos vende chips, componentes y circuitos, pero todavía no ha decidido producir aquí. Ese es el desafío y la oportunidad.

El momento es propicio por tres razones. Primera, el marco jurídico ya existe: ambos países pertenecen al TIPAT. Desde enero, México aplica aranceles de 5% a 50% a mil 463 fracciones provenientes de países sin tratado. Las mercancías malasias que cumplan las reglas de origen del TIPAT quedan fuera, lo que convierte a Malasia en un socio natural para diversificar insumos sin depender de China. Segunda, la incertidumbre norteamericana. Washington se negó en julio a extender el T-MEC y ha presionado por reglas de origen más estrictas.

Todo endurecimiento castiga al insumo importado y premia al fabricado en la región. Para una empresa de Penang que hoy abastece a plantas mexicanas instalarse en México deja de ser opción y se vuelve un seguro de permanencia. Tercera, el apetito: en el mejor primer trimestre de su historia comercial, Malasia aumentó sus envíos a México.

¿Dónde están las oportunidades? La más evidente es el ensamble, prueba y empaquetado de semiconductores, especialidad en la que Malasia es potencia mundial y que México necesita para que la relocalización industrial no se quede en el ensamble final. Siguen los guantes y otros insumos médicos, donde Malasia es líder global.

Por otro lado, la oleoquímica derivada de la palma, útil para cosméticos y alimentos, tiene mucho potencial. Respecto a la energía, aunque Petronas ya no trabaja en el Golfo de México, como lo había planeado, un nuevo acuerdo energético podría traerla de regreso. 

Nada de esto ocurrirá solo. México compite con Vietnam, Tailandia e India por el mismo capital. El índice Kearney 2026 colocó a nuestro país por encima de Malasia, Tailandia e India entre los emergentes, pero la reputación se gasta rápido si persisten la inseguridad, las dudas sobre la reforma judicial y los cuellos de botella en energía y agua. El inversionista malasio es conservador: privilegia relaciones de largo plazo y reglas estables.

Por eso importa la diplomacia parlamentaria y empresarial. El Grupo de Amistad México-Malasia en San Lázaro, los organismos empresariales y los gobiernos estatales deben ofrecer algo más que discursos: ventanillas únicas, parques industriales con energía garantizada y certidumbre fiscal. Malasia ya nos ve como mercado. Falta que nos vea como casa.

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