Aclaro que esta no es una defensa de Andy López Beltrán, sino una breve dosis de realismo. El cerco mediático al hijo del ex Presidente es una obsesión que, como toda fantasía desbordada, habita principalmente en el sujeto enfermo que la genera.El colmo ha sido la difusión de videos de una reunión de cinco horas en un restaurante de La Condesa entre Andy, su hermano Gonzalo y Daniel Asaf, ex jefe de la Ayudantía de la Presidencia con AMLO.El “cónclave”, como exageradamente se le llamó, es una vulgar y aburrida comida en lunes dentro de un restaurante de lujo donde concretamente sólo sabemos que bebieron una botella de 16 mil o 24 mil pesos, Gonzalo revisó su celular y Andy fumó un cigarrillo tras otro.No hay ningún registro de la conversación. La noticia cabe en un párrafo; todo lo demás es especulación: Andy como la cabeza oculta del huachicol fiscal y objeto de una investigación de Estados Unidos, entre otras acusaciones que lo colocan como el urdidor de una red criminal.En concreto, el álbum de fotos y videos retrata, una vez más, la frivolidad de los junior del Bienestar, una nota repetitiva que simplemente los coloca en el sitio que comparten con toda la clase política mexicana sin distingo de partido o color.Esta obsesión por Andy proveniente de la oposición y el estatus quo de la comentocracia chilanga pasa por alto que este golpeteo está aún lejos de abollar la armadura electoral de Morena rumbo a 2027.Para muestra basta el dato de una encuesta nacional publicada el pasado 24 de agosto por el mismo diario “El Universal” en torno al susodicho.Le preguntaron a los encuestados: “¿Estaba usted enterado de que el Gobierno de Estados Unidos le retiró la visa a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del ex presidente López Obrador?”El 37.7% respondió que lo ignoraba y el 14.5% aceptó que “había escuchado algo al respecto”. Mientras en medios y redes sociales el retiro de la visa norteamericana a Andy era un escándalo, según esta encuesta, la mitad de los consultados prácticamente ni se enteró o apenas escuchó “algo” del tema.Y la otra mitad de los encuestados, a pesar de estar enterados, cabe suponer que a la mayoría le importa poco el tema ante la usual apatía política. Entonces, ¿qué nos queda? Un círculo reducido de críticos acérrimos encerrados en una cámara de eco.Este fenómeno se ahonda con el algoritmo de las redes sociales que se comporta como un reproductor de discursos que el usuario desea escuchar y lo aleja de todo aquello que se aparta de sus creencias.Y de esta manera se crean burbujas obsesivas que reproducen incansablemente las mismas narrativas a los mismos “creyentes” sin efectos prácticos en la realidad como las elecciones de 2027.Basta ver las encuestas en Nayarit: todo indica que Morena arrasará en la gubernatura.Como afirmé al inicio, no es que Andy no tenga cuentas pendientes con la justicia: hay indicios de que es un probable delincuente de cuello blanco.La oposición y el análisis político en tiempos del algoritmo deben encontrar formas más creativas, y definitivamente más mesuradas, de penetrar en el ánimo de la audiencia.Lamentablemente carezco de la respuesta o la fórmula para romper esa burbuja, pero quizás los matices, los grises y la crítica contextual ayuden de algo, todo lo opuesto a la obsesión estridente que hoy llena planas enteras del junior favorito de la 4T.jonathan.lomeli@informador.com.mx