Desde la llegada de los Gobiernos de la autollamada cuarta transformación, durante la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, hubo un claro rechazo a la aplicación de cualquier política o instrumento de evaluación del sistema educativo mexicano.De hecho, luego de los malos resultados arrojados por la Prueba PISA en 2022, en los que México apareció en el lugar 51 de los 81 países que fueron evaluados, lo que representó un retroceso de 20 años en términos de calidad educativa, hubo toda una serie de obstáculos para que no se aplicara ya este examen en 2025, cuyos resultados se dieron a conocer ayer, y que revelaron nuevos y preocupantes retrocesos en habilidades matemáticas y de lectoescritura de las infancias mexicanas, al aparecer en los últimos lugares.Desde luego son malas noticias para el país y la prueba de que la contrarreforma educativa del sexenio pasado, de la que nació la llamada Nueva Escuela Mexicana y los controvertidos libros de texto que desarrolló e impuso la 4T, no han funcionado como tampoco ha sucedido con las reformas educativas de los últimos 25 años promovidas por Gobiernos de todos los colores.Por eso, pese a los cuestionamientos de ayer de la Presidenta Claudia Sheinbaum a los exámenes del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), ese instrumento es el único que quedó para conocer el nivel educativo de las niñas, niños y adolescentes mexicanos. Como se sabe, la prueba PISA se aplica en los 87 países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con la finalidad de comparar y revisar cada tres años los avances y la calidad educativa en América Latina, Asia y Europa en estudiantes de 15 años en lectura, matemáticas y ciencias. En México se aplica desde el año 2000 con la llegada de la primera alternancia política en el País. Como decía, es el único instrumento de evaluación de la educación básica en México, luego de la desaparición de las instituciones dedicadas a evaluar el desempeño académico y estudiantil, entre las que destaca el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que, entre otras cosas, aplicaba las pruebas del Plan Nacional de Aprendizajes (Planea) con las que se medían resultados en la educación pública y privada de preescolar, primaria, secundaria y media superior.En mucho, la contrarreforma del 2019 que empujó López Obrador para derogar la reforma educativa aprobada en 2013 con la que desapareció el INEE, fue para pagar el respaldo político electoral en las elecciones presidenciales de 2018 de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), que siempre ha rechazado cualquier tipo de evaluación, incluida la prueba PISA, que ha exhibido los bajos niveles educativos que hay en el país, y sobre todo en Michoacán, Oaxaca, Guerrero y Chiapas donde dominan. Así, la falta de visión a largo plazo de nuestros Gobiernos para hacer una verdadera reforma educativa, que no atienda a sus compromisos políticos, sino que priorice mejorar el nivel de educación para las infancias de este País, nos tiene con los resultados reprobatorios de otro intento de reforma fallido.