La frase parece contable: “la Federación ya dio”. En realidad, organiza una relación política completa.Cuando los actores de Morena la repiten frente a los problemas de Guadalajara, la Federación aparece como quien concede; el gobierno local, como quien recibe; y la ciudad, como quien debe agradecer o explicar por qué no le alcanzó. El dinero público deja de presentarse como parte de una obligación federal y comienza a narrarse como una entrega del centro.Para que esa escena fuera posible, primero había que eliminar el Fondo Metropolitano.El fondo no sólo distribuía recursos. Reconocía que las metrópolis tenían necesidades propias, podían formular proyectos comunes y acceder a financiamiento mediante reglas previas a la voluntad del gobierno en turno. Guadalajara comparecía ante la Federación como un territorio con representación, problemas acreditables y capacidad de decisión.La promesa de “eliminar intermediarios” permitió desmontar ese reconocimiento sin nombrarlo. Se colocó en una misma categoría al gestor que condicionaba una pensión y a la institución que representaba una necesidad colectiva. Pero una transferencia individual puede depositarse directamente. Una red hidráulica, una planta de tratamiento o una obra de movilidad requieren planeación, coordinación y autoridades capaces de responder por ellas. En esos casos, la intermediación no desvía el recurso: convierte el dinero en ciudad.Al desaparecer el fondo, el recurso no llegó directamente a los habitantes. Regresó al centro. Guadalajara conservó los problemas, las obligaciones y el desgaste, pero perdió el mecanismo estable para financiar soluciones metropolitanas. Desde entonces, cada proyecto debe volver a ser presentado, negociado y autorizado. Lo que antes podía reclamarse bajo reglas comenzó a recibirse como excepción.Después llega la frase: “la Federación ya dio”.No se limita a informar una transferencia. Reordena la responsabilidad. Si el agua falla, el problema pertenece al gobierno local. Si llegan recursos federales, la solución pertenece al centro. Si no alcanzan, Guadalajara administra mal; si producen resultados, la Federación cumplió. La autoridad local conserva el costo y el gobierno federal reclama la autoría.El Fondo Metropolitano podía ser opaco o insuficiente. La respuesta democrática era corregirlo, fiscalizarlo y mejorar sus reglas. Suprimirlo permitió algo distinto: transformar una obligación presupuestal en una decisión política y una relación entre órdenes de gobierno en una relación entre benefactor y beneficiario.Por eso importa tanto la manera de nombrar el dinero. Los recursos federales no son propiedad de la Federación ni un obsequio de un partido. Provienen de contribuyentes de todo el país, sobre todo de Jalisco, y deben regresar mediante instituciones, no como prueba de generosidad.Ése fue el engaño. El intermediario que se eliminó no estaba entre Guadalajara y su gente. El intermediario era Guadalajara.paola.nadine@gmail.com