Es muy difícil que sin identidad pueda haber soberanía. Jalisco es oficialmente un Estado libre y soberano, pero la enorme mayoría de sus habitantes no parece tener hoy día ni la más remota idea de lo que eso signifique, lo cual expone al Estado a convertirse en objeto de todo tipo de manipulaciones. Más bien nos sentimos todos mexicanos, más por decreto presidencial que con base a los hechos observables o identificables en nuestro proceso histórico.Nuestra supuesta mexicanidad, por otro lado, está fundada sobre toda suerte de mentiras, que incluyen alterar los hechos, uniformar la historia, e imponer una visión centralista que nos haga creer en el mito de una imaginaria raza mexicana, de una historia común y única que se remonta a los aztecas, y de un proceso que se reduce a las etapas decretadas por la autoridad, todo para fortalecer no la unidad, sino el uniformismo, no la federación, sino el presidencialismo siempre triunfante.¿Estamos volviendo a los viejos tiempos del partido único? ¿Sigue siendo el demonizado porfiriato, el modelo a seguir por los políticos que en público denuestan ese anterior sistema, pero en privado los inspira y alienta? ¿Regresarán las estrategias, métodos y manipulaciones del igualmente satanizado PRI, ahora por un partido que se dice nuevo, pero que parece la reencarnación misma del viejo? ¿Qué es lo que pretende el gobierno actual, defender una genuina transformación, o simplemente usar el tema como pretexto para perpetuarse como partido durante los próximos sexenios? ¿No es parte de una verdadera transformación, la alternancia partidista?Frente a esta avalancha neo centralista, neo presidencialista, una evidente respuesta debería ser el fortalecimiento de la soberanía de los Estados federados, y la misma revisión del pacto federal que, por desgracia, en el sexenio anterior, el gobernador de Jalisco usó solamente como herramienta de choque, privada de auténtica convicción.En efecto, usar el pacto federal solamente como un recurso oportunista no muestra la visión de un estadista. Recuperar algo en este momento tan preciado supone un compromiso social que inicia con la revisión de los programas educativos de Jalisco, ¿estamos educando para la sumisión o para la dignidad? ¿Le apostamos a valorar y recuperar el significado y la responsabilidad de ser un estado libre? ¿Los egresados de primarias y secundarias conocen, aman, y ciudad su estado? ¿Y cómo lo harán si ni siquiera aprendieron en las escuelas la geografía y la historia de Jalisco?Lo que podemos ver en no pocos jóvenes de hoy es una actitud de conformismo: “dejemos las cosas como están”, mostrando así la ausencia de identidad y de orgullo por un trayecto, el que ha hecho Jalisco a lo largo de su historia.Con semejante postura Jalisco quedará reducido a tequila, tortas y mariachi, una tierra de nadie que cualquiera puede de nuevo colonizar, ¿quién se hará responsable de abatir esta decadencia cultural?A este paso, la Rotonda de los Jaliscienses ilustres será un hermoso recuerdo, el monumento a quienes contribuyeron a la grandeza de Jalisco, en el pasado, sin tener la fortuna de crear escuela, una escuela capaz de transmitir dignidad y cultura, identidad y compromiso con la propia tierra. Sin duda que tenemos un reto, el reto de sobreponernos a estas prácticas neocentralistas.armando.gon@univa.mx