Un joven que es reclutado por el crimen organizado en México tiene una probabilidad cien veces más alta de morir víctima de un homicidio en comparación con cualquier otro joven en el país.El dato fue referido por Elena Azaola, antropóloga y psicoanalista del CIESAS especialista en estudios sobre la violencia.El sábado asistí a su charla virtual titulada: “Reclutamiento forzado en México. Lo que nos dicen los datos sobre el reclutamiento forzado de infantes y jóvenes en México”, un evento organizado por Quinto Elemento Lab y A dónde van los desaparecidos.Me ha parecido vital socializar algunas de las reflexiones de Azaola para que comprendamos mejor el fenómeno; pienso sobre todo en padres de familia con hijos e hijas adolescentes.Azaola empleó una alegoría para explicar el reclutamiento forzado de menores y jóvenes como una gran llave abierta a través de la cual caen incesantemente más y más jóvenes en las redes criminales.Su punto de partida es humilde y poderoso a la vez: el reclutamiento forzado es un fenómeno del cual aún no tenemos una comprensión cabal pese a las toneladas de información que circulan todos los días.Sin embargo, una cosa hay que entender y tener clara: el reclutamiento es “la estrategia de la organización delictiva para crecer y mantenerse” a través de una constante suma, eliminación (asesinato) y reemplazo de sus integrantes.En las noticias suele plantearse como un episodio desafortunado de jóvenes engañados o forzados a ingresar al crimen, pero hay que entender, sobre todo, que es el corazón que bombea y anima al sistema criminal de cárteles en el país.El reclutamiento forzado, explicó Azaola, deriva en la desaparición; luego en el homicidio de esos jóvenes reclutados, y después en su inhumación en fosas clandestinas.Este fenómeno secuenciado y repetitivo (reclutamiento-desaparición-homicidio-fosa-reemplazo) funciona como un sistema. Sabemos los casos de aquellos que regresan, pero las estadísticas oficiales “no registran la totalidad de la problemática”.El sexenio pasado, compartió Azaola, desaparecieron 7 mil 179 menores en el país: “la gran mayoría fueron reclutados por grupos criminales”. Otros 46 mil entre 19 y 29 años desaparecieron también mayormente reclutados; y en ese mismo rango etario 67 mil fueron asesinados.Por eso acabar con la violencia y los cárteles, enfatizó la antropóloga, pasa necesariamente por acabar con el reclutamiento forzado.Jalisco es el epicentro de las desapariciones y el reclutamiento, pero ocurre en todo el país. En estos días se desarticuló en Oaxaca una célula criminal dedicada a la extorsión que reclutaba menores y estudiantes para funciones delictivas y como sicarios.La autoridad ha querido minimizar lo que ocurrió en el Rancho Izaguirre, pero de lo que jamás ha habido duda es que se trató de un gran centro de reclutamiento y adiestramiento criminal.Para Azaola, ese episodio es el punto medular que reveló el tamaño de la infraestructura del cártel para alimentar su maquinaria con la complicidad de todos los niveles de gobierno, pues las omisiones de la fiscalía local y federal siguen impunes.Todavía unos meses antes de descubrir el Rancho Izaguirre, durante el sexenio pasado, el entonces gobernador Enrique Alfaro negaba el problema acusando que era una “psicosis” alimentada por los medios.Así de tarde llegamos al problema. La llave sigue abierta y apenas empezamos a comprender.P.D. Mañana comparto algunas otras reflexiones de la doctora Azaola.