Amisadab Murillo, escolta de la Policía estatal, asesinó a su pareja, Jessica Cárdenas, trabajadora del Poder Judicial de Jalisco, y luego se suicidó. Usó su arma de cargo para cometer el feminicidio y quitarse la vida.Felipe de Jesús Rubio fue director de Inteligencia, Política Criminal y Prevención del Delito en la Fiscalía estatal en 2022. Y antes fue jefe de grupo de Homicidios Intencionales y subcoordinador de la Policía Investigadora. Apenas lo procesaron por violencia familiar.Hay un denominador común en ambos casos: la precaria salud mental de los elementos. No es asunto menor si consideramos que iban armados para su labor. Ahora multipliquemos ese patrón por decenas, cientos de policías municipales, estatales y ministeriales.Busqué sin éxito estudios recientes sobre la salud mental de las y los policías. El más completo se titula “Perfil psicosocial y laboral del oficial de policía en ZMG y el interior del estado” del maestro Francisco Gutiérrez Rodríguez de la UdeG.El análisis consideró un universo de 5 mil 970 policías. Sus conclusiones son inquietantes: el 12% reportó impulsos agresivos y ansiedad. Una cuarta parte presentó síntomas de enojo, depresión y estrés laboral. Casi la mitad reconoció problemas maritales.Y lo más preocupante: se detectó que el 3% tenía un deterioro cognitivo incapacitante para desempeñar el cargo y portar un arma. A todo lo anterior se suma una mala alimentación, obesidad e hipertensión, entre otros. El oficio policial es altamente estresante: los agentes carecen de equipo adecuado, exponen su vida, siempre deben estar alertas, tienen jornadas extenuantes y viven muchos abusos de poder de los mandos.El diagnóstico existe, pero la respuesta institucional se quedó en letra muerta.El sexenio pasado, tras los abusos cometidos en junio de 2020 por elementos de la Fiscalía estatal contra manifestantes, el gobernador Enrique Alfaro anunció una gran reforma policial denominada “1000 días por la Seguridad Ciudadana”.Margarita Sierra, secretaria de Planeación y Participación Ciudadana de Jalisco, organizó los foros y trabajos para los cuales se pagaron millones en consultorías.El objetivo de la reforma era “la restitución de la confianza en el sistema de seguridad”. Un punto medular buscaba la dignificación del policía con un “proyecto integral de la salud para el personal de seguridad y procuración de justicia”.El programa se incluyó en el Plan Estatal de Desarrollo del sexenio pasado, pero todo quedó en anuncios propagandísticos en redes y algunos PowerPoint a sobreprecio.Un perfil peligroso en el ámbito doméstico es más difícil de detectar, no así en el caso de un servidor público que se supone pasa por filtros de control de confianza y evaluaciones psicológicas que, en la práctica, resultan inútiles.Resolver este problema quizás no representa un negocio inmobiliario como darles casa digna a los elementos, pero es igual o más importante.El costo de carecer de una auténtica política pública que atienda la salud mental de los cuerpos policiales es muy alto: se mide en vidas.