Domingo, 26 de Julio 2026

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El tío Tolito

Por: Carlos Enrigue

El tío Tolito

El tío Tolito

De las fiestas digamos generales, o sea, las que de algún modo se celebran en nuestro país, desde luego que según la variedad de posibilidades económicas, están las primeras comuniones y las pretensiones de la familia del neocomulgante tienen mucho que ver, así que habrá desde aquellos que tengan una celebración de altísimo presupuesto hasta quienes se juntan y hacen un festejo colectivo, al cabo que ya sabemos que entre muchos ni el matrimonio es pesado.

En la mayoría de los casos es un convivio que gozan la mayoría de niños que asisten, hay pocos que van a un festejo de estos por compromiso, los asistentes van porque quieren ir. Desde luego no voy a adivinar los niveles de virtud y el beneficio moral que la ceremonia o el sacramento pueden tener, yo me estoy refiriendo al festejo, sin importar el nivel de percha que se dé.

Pero no puedo dejar de reconocer que sobre todo las ceremonias, en ocasiones, no son modelos de ortodoxia y más bien las particularidades que en cada caso se dan. Recuerdo concretamente la primera comunión del tío Tolito, del que mi solitario lector ya conoce algunas de sus aventuras, en virtud de que es más que paisajoso.

La preparación del tío para recibir la comunión se llevó varios meses, ya que no resulta sencillo para un niño la profundidad y trascendencia del acto; por darles un ejemplo, preguntaron a Tolito y a otro par de infantes que se preparaban “¿quiénes somos los cristianos?”, cuestión ante la que los tres chiquillos se quedaron estupefactos, en silencio; el catequista les insistió, inquiriendo “¿quiénes somos los cristianos?”.

Los otros chiquillos quedaron en silencio, mientras Tolito con un brillo de satisfacción en los ojos, levantó la mano; el catequista satisfecho miró a los otros niños, al tiempo que indicaba a Tolito les dijera quiénes eran los cristianos y el tío dijo: “los cristianos somos los mariguanos”. Hay maderas que no agarran el barniz.

Llegó el día de la ceremonia en la que Tolito sería el único comulgante; quiso el sacerdote celebrante hacer una ceremonia más cercana y el diálogo abierto con el niño, le hizo ver la importancia que tenía que Jesús viniera a él por primera vez, que ese hecho era muy trascendente, ya que gracias a ello Jesús lo había elegido como amigo personal y lo había invitado a jugar en su jardín.

Tolito asentía sin estar muy seguro de si entendía. El celebrante le preguntó cuál era el regalo que más le había gustado. El niño contestó que un rompecabezas, con lo cual el sacerdote ejemplificó: “Jesús te ha invitado a jugar a su jardín, ahora ¿tú vas a invitarlo a jugar con tu rompecabezas?”.

Después de pensarlo un segundo, dijo claramente: “no”. Un poco desconcertado, el sacerdote insistió “¿no le prestarías a Jesús tu juguete?”. “No”, le confirmó el niño. “Bueno –inquirió el celebrante–, ¿le prestarías otro juguete?”. “No”, contestó el niño y el papá se levantó diciendo “no se lo va a prestar, continúe la ceremonia”.

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