Durante las últimas semanas se ha manejado en los corrillos de la política estatal la versión de un distanciamiento o franca ruptura entre el gobernador del Estado, Pablo Lemus Navarro, y el presidente municipal de Zapopan, Juan José Frangie Saade. Los motivos pueden ser variados, pero según la versión, el detonante parte de la visión distinta entre ambos, en la elección de quien será candidata o candidato a la presidencia municipal de Zapopan, el espacio desde donde se han proyectado hasta ser dos de las figuras políticas más influyentes no sólo en el Estado, sino en el Occidente del país.Pero los rumores y las conversaciones en voz baja no son permanentes. Ayer, abiertamente consultado sobre esto, el gobernador Lemus negó que haya tal rompimiento. Se refirió al alcalde zapopano como alguien que es “más que su hermano” y recordó que el trato mutuo se remonta a más de 35 años de distancia.Más allá de su relación personal y lo permanente que pueda ser, de lo que hay constancia es el exitoso tándem que han conformado, tanto que como parte del discurso oficial en Zapopan se habla de un solo gobierno durante más de una década, un proyecto y una visión que encabezó primero el gobernador Lemus y a la que da continuidad el alcalde Frangie. Los resultados han sido tan políticamente sólidos, que actualmente no hay proyecto político de oposición que pueda sostener con viabilidad una victoria en la elección de 2027; lo más realista es que Movimiento Ciudadano mantendrá el Gobierno zapopano.La cuestión interesante, más que el resultado electoral, es la definición de la candidatura a la presidencia municipal. Y eso, de forma natural, puede ser interpretado de modo diferente por el gobernador Lemus y el alcalde Frangie. Pueden inclinarse por diferentes personas para tomar la estafeta en la elección municipal del año entrante, pero lo que se puede afirmar es que ambos apoyan un gobierno de continuidad, un proyecto que mantenga la ruta financiera, los acuerdos con los diferentes sectores sociales, el plan de gobierno y sobre todo, el mismo aparato burocrático y el equipo de Gobierno.Que ambos puedan tener posturas diferentes e incluso confrontadas no es novedad. Lo verdaderamente insólito sería que no hallaran la manera de dirimir diferencias y retomar la ruta conjunta que los llevó a superar a lo que se conoció como el “alfarismo”.La duda sigue siendo quién será candidata o candidato a la presidencia de Zapopan por Movimiento Ciudadano.Quien ostente esa candidatura deberá tener la aprobación de ambos, del gobernador y del alcalde; deberá garantizar la continuidad del proyecto que ha gobernado durante la última década y hará de Zapopan el nuevo bastión naranja en Jalisco. De hecho, será garante del proyecto político que se construya para la sucesión estatal en 2030, aunque ese es un ejercicio con alto contenido de apuesta futurista.Todos los indicios apuntan -aunque la ambición política se asemeja a la esperanza y se niega a morir- a que será una candidata. Y se sabrá en unos días, porque el mismo Lemus Navarro ya giró la instrucción política: quien pretenda una candidatura debe renunciar a su cargo público.