Tremendo encontronazo de opiniones ha detonado “Digger”, la cinta dirigida por Alejandro G. Iñárritu y protagonizada por Tom Cruise. Mientras muchos ponen el acento en su acalambrado desempeño en taquilla, otros apuntan hacia el discurso de actualidad que el filme iza como bandera. Lo primero es lamentable para sus productores, supongo; lo segundo es lo que, muy probablemente, pueda garantizar su virtual estatus de culto en los años por venir. Ya veremos.“Digger” es un filme distópico tan satírico como fársico, una comedia del mundo después del “fin del mundo”, una hiperbólica diatriba geopolítica que me ha parecido entretenidísima y ridícula y, además, musculosa: sus excesos tienen un vigor mejor canalizado que los de “Bardo”, por ejemplo.Un billonario obsceno y repulsivo intenta succionarle tanto petróleo como sea posible al subsuelo terrestre antes de que se termine su licitación. Su codicia provocará una catástrofe de dimensiones épicas que podría causar una tragedia humana sin parangón. Coludido con el presidente estadounidense y las fuerzas armadas, urdirá un plan para controlar la narrativa de los hechos y trascender como un héroe, no como villano.Con un sentido del humor engorroso (esto es parte del encanto), “Digger” se erige como una aparatosa y maximalista pieza de cine autoral que se vale de la superestrella más grande de Hollywood para agrandar aún más sus intenciones. Tom Cruise ofrece una de sus interpretaciones más completas a la fecha, pues actúa no solo con el cuerpo y sus gesticulaciones: su voz, su mirada, su “aura”... todo lo pone al servicio del relato de Iñárritu, comprometiéndose hasta las últimas consecuencias histriónicas y discursivas del filme. El director y su elenco abrazan la teatralidad interior del filme para exteriorizarla sin reservas.Dentro de sus afecciones y excesos, “Digger” encuentra la forma de ser puntual e incómodamente política, sumamente editorial aunque no lo parezca. Sus reclamos y reflexiones taladran como una alarma de coche a las 3:00 de la mañana. El fastidio que provoca no es accidental ni producto de una falta de pericia audiovisual: esa irritación, ese desagrado, es la punta de su dardo envenenado. Yo, que no siempre “compro” lo que Iñárritu propone, en este caso logré saltar más allá de los dispositivos que encuentro chocantes en el cine de este realizador mexicano para entregarme a su delirante propuesta. “Digger” es un largometraje de pataletas y exabruptos, de egocentrismo y desesperación, del ser humano erguido en el umbral del abismo, de las impostaciones de la consciencia social. ¿Qué más da si la película tiene “tantos” strikes, pues, al final, conecta un cuadrangular para recordar, para dejar su marca en las filmografías de su director y su protagonista?Yo digo que sí veas “Digger”. La opinión del otro (sobre todo, la opinión de aquel que destruye por destruir, incluso si no ha visto la obra que está lapidando) necesita también de tu opinión: para coincidir o para crear fricción, para atarse o para contradecirse. Y “Digger” ha logrado florecer gracias a los contrastes.