Las vacaciones del gobernador Pablo Lemus levantaron una absurda polémica en redes sociales, como si vacacionar fuera un pecado y no una necesidad. Así como los diputados y los miembros del Poder Judicial tienen periodos vacacionales, los titulares del Poder Ejecutivo deberían tomar vacaciones forzosas y estipuladas por ley. Evidentemente, hacerlo en fechas fijas, como lo hacen los otros poderes, es más complicado pues nunca será el momento ideal para vacacionar y siempre podrá existir un motivo para interrumpirlas, pero a todos nos conviene una Presidenta, un gobernador o un alcalde o alcaldesa descansados y lúcidos.El gobernador Lemus ha sido criticado porque decidió hacerlo en este momento, cuando la ciudad enfrenta la peor crisis de calidad del agua. Nada habría cambiado si hubiera decidido descansar unos días antes o después. Lo importante en todo caso son las decisiones que tiene que tomar a su regreso.El famoso Plan Hídrico presentado la semana pasada tiene, como todos los planes hechos para salvar una emergencia, muchos errores y, desde mi punto de vista, un problema fundamental de concepción: considera que el problema se resuelve con tubos y dinero, cuando en este momento el problema central es político. Es político en el mejor sentido de la palabra, el que implica la construcción de una visión común a mediano y largo plazo.Convencer a los diputados de oposición de que le suelten recursos y luego vemos parece una tarea complicada; convencer a los ciudadanos de que fueron otros los culpables y lo que toca es esperar, como ha sido hasta ahora el discurso del Gobierno estatal, parece imposible. Como se han planteado las cosas, no hay manera de que la oposición, particularmente Morena que es quien tiene la mayor posibilidad de competir los dos grandes municipios —Guadalajara y Zapopan— y el Congreso del Estado, no utilice la crisis como bandera electoral, y tampoco la hay de que los ciudadanos no castiguen la negligencia de las autoridades.Dicho de otra manera, las obras hay que hacerlas, pero no bastan. A estas alturas del partido da igual de quién fue la culpa, en qué sexenio se cometió qué pifia, es a esta administración a quien toca pagar la factura. No hay manera de que el Gobierno de Lemus no tenga un costo y la forma de reducirlo es haciendo política, construyendo un gran acuerdo que vaya más allá de la elección de 2027, que involucre a los ayuntamientos, al Congreso y sobre todo a la sociedad en un proceso transparente que le dé certeza y confianza, que hoy por hoy es lo más escaso en las instituciones del agua. Para ello Lemus necesita buenos operadores que, dicho sea de paso, no tiene muchos, pero, sobre todo, echarse un chapuzón y empeñarse personalmente en ello.diego.petersen@informador.com.mx.