Martes, 01 de Septiembre 2026
Ideas |

Los niños

Por: Diego Petersen

Los niños

Los niños

El nepotismo es uno de los males endémicos del poder. Sucede en todo el mundo, y hasta en las mejores familias, dirían los tapatíos. Para el poderoso resulta frustrante no ser capaz de compartir y heredar lo que más disfruta, de lo que más orgulloso se siente. El problema es justamente que no es heredable. El político es quien construye el poder, quien teje las relaciones, el que controla e influye. Los hijos, por el contrario, son lo que son por el padre. Son la cauda de la estrella, gozan del poder, pero nunca lo construyeron ni lucharon por él. Son, además, víctimas indirectas de esa obsesión paterna que, en casi todos los casos, conlleva abandono y culpa.

Los niños —como se conoce a los hijos de López Obrador después de aquel famoso post de Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del presidente y madre del menor de sus hijos en el que, con toda razón, exigía respeto a los menores de edad con la frase “con los niños no”— son la némesis de su padre. Les gustan los lujos que AMLO decía execrar; hacen política en los restaurantes exclusivos, no en las plazas; consumen vinos caros, no tamales de chipilín; les gusta juntarse con hombres ricos y poderosos, no con el pueblo. La exhibida que les dio Héctor de Mauleón el día de ayer en “El Universal” no es sino la confirmación de lo que han sido en su vida pública.

Hoy todos los hijos de López Obrador son mayores de edad y por tanto responsables de sus actos. Sin embargo, no se puede excluir de la responsabilidad al padre, pues fue el presidente quien los metió al juego del poder. A Andrés Manuel lo hizo coordinador de zona en la campaña, le dio carta abierta para hablar con los secretarios, hacer y deshacer negocios y al final lo impuso como secretario general del partido, un acto del más vulgar nepotismo. López Portillo nunca se atrevió a tanto. A Gonzalo lo hizo ministro sin cartera. Con la excusa de que no cobraba, le dio permiso de ser sus ojos y su voz en las obras emblemáticas del gobierno.

¿Cuál será la herencia más recordada de López Obrador? Él quisiera ser visto como el héroe de la Cuarta Transformación de la vida pública, pero su periodo de gobierno está envejeciendo muy mal, no solo porque las obras emblemáticas resultaron más bien problemáticas y porque la herencia en materia económica comienza a pasar factura, sino porque los hijos se están encargando de arrastrar el apellido.

Lo mejor que podrían hacer los niños es salirse del reflector. Ellos quisieran que se les reconozca un poder heredado, al más puro estilo monárquico. La Presidenta ha tenido que recordarles, una y otra vez, que ellos ya no son los hijos del presidente, pero al parecer los niños son lentos de entendimiento, al menos en lo que se refiere a los asuntos del poder.

diego.petersen@informador.com.mx

Temas

Recibe las últimas noticias en tu e-mail

Todo lo que necesitas saber para comenzar tu día

Registrarse implica aceptar los Términos y Condiciones