Viernes, 18 de Septiembre 2026

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La feudalización de Morena

Por: Diego Petersen

La feudalización de Morena

La feudalización de Morena

Los destapes de las corcholatas morenistas están dejando en claro dos cosas. La primera es que al INE le importa un bledo que le vean la cara porque la ley siempre se puede acomodar a los deseos del poderoso en turno. La segunda, es que Morena, que nació como un movimiento popular, logró llegar al poder y mantenerlo gracias a una serie de pactos con cacicazgos locales que hoy, en la selección de los defensores de la transformación y la soberanía, muestran quienes son los verdaderos soberanos en cada estado. Resulta sorprendente que en Morena haya tantos potentados y herederos millonarios dispuestos a defender a los pobres de este país, y más aún que sea a ellos a los que el pueblo escoja a través de encuestas. La payasada, porque en eso quedó, de hacer una comisión interna que evitara la llegada de personajes vinculados al crimen organizado, fue un discurso de emergencia. La austeridad republicana quedó solo en un bonito deseo, sino es que en un mal chiste.

Lo que ha mostrado hasta ahora la selección de candidatas y candidatos a gobernador es que pesa mucho más el poder local que el proyecto de país de la Presidenta de la República. En principio sería plausible el hecho de que sean los militantes de los estados quienes decidan las candidaturas, y no un poder centralizado, que hubiese una vida partidista y militantes con decisión. Pero los partidos en México nunca han sido democráticos y cuando lo intentaron les salió fatal: elecciones internas fraudulentas o asambleas manipuladas que terminaban invariablemente a golpes.

Las encuestas son una gran falacia. Desde la selección de Claudia Sheinbaum como candidata en la Ciudad de México, donde los perdedores Martí Batres, Ricardo Monreal y Mario Delgado, solo tuvieron acceso a un papelito, todos entendieron que las encuestas son un juego que solo expresa la voluntad del poderoso. En los estados los grupos de poder entendieron que así se juega con las encuestas e impusieron a sus candidatos, ¿por qué no?

Las interpretaciones se han centrado en si la Presidenta ha podido decidir las candidaturas a gobernador, cuáles son de su equipo y cuáles no y qué significa ello en términos del poder real de Claudia Sheinbaum. Sin duda esa lectura es relevante y necesaria, sin embargo, lo importante no es si perdió la Presidenta, sino quién va ganando en cada territorio y cómo eso se articula o no en un proyecto de nación.

El triunfo de los cacicazgos regionales es real y lo que muestra es que son absolutamente disímbolos entre sí. ¿Qué tienen que ver, por ejemplo, “Gino” Segura, un operador del “Niño Verde”, más cercano a lo que López Obrador definiría como un fifí o un junior, con Julieta Ramírez, una joven política que creció al amparo de la gobernadora Marina del Pilar Ávila, ambas señaladas por colaborar con la justicia estadounidense, o con Santiago Nieto, un tecnócrata converso por conveniencia al obradorismo y ahora candidato en Querétaro, y todos ellos con la idea de izquierda que tiene la Presidenta de la República?

La respuesta es: nada. En cada estado Morena es un feudo, manejado por señores feudales, que tributan votos y lealtades a Palacio Nacional, pero que lejos, muy lejos están de ser un proyecto de nación.

diego.petersen@informador.com.mx

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