Viernes, 11 de Septiembre 2026

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“Vamos a ir por ti”: El fondo y la forma

Por: Diego Petersen

“Vamos a ir por ti”: El fondo y la forma

“Vamos a ir por ti”: El fondo y la forma

El senador Luis Fernando Salazar se equivocó rotundamente amenazando al periodista de N+ Enrique Acevedo con la frase “Vamos a ir por ti”. No lo digo yo, lo dice él. No sé si el arrepentimiento sea sincero o forzado, si lo obligaron a hacerlo o él mismo se dio cuenta de que se había metido con un enemigo de un tamaño al que no iba a amedrentar, porque él mismo en su carta reconoce que tiene demandado a otro medio digital en Coahuila. Como todo buen político dice que fue mal interpretado, que el “Vamos a ir por ti” se refería a que irían por la vía legal, no a hacerle daño físico, como si eso estuviera claro en su post o si hiciera alguna diferencia en la amenaza. 

Más allá de la disculpa, la amenaza es clara y no debería pasar desapercibida en una democracia por varios motivos. Expongo cuatro.

El primero es el uso del plural. No dice “Voy a ir por ti”, dice “Vamos”, implicando a la fuerza de todo el movimiento o, peor aún, al Estado.  Claramente está envalentonado por lo que representa y eso es justamente lo que llamamos un abuso de poder. El señor se esconde detrás de su investidura y esa mayoría que dice y cree representar al pueblo como algo unívoco. “Nosotros, el pueblo” es, desde donde se vea, una formulación autoritaria típica de reyes y dictadores, sean de izquierda o de derecha.

Un segundo elemento para destacar es que no combate ni rebate el contenido del reportaje, va directamente contra el periodista. Eso es un ataque a la libertad de expresión y una amenaza personal. No dijo “vamos a demostrar que lo que dices es falso”, lo cual sería lo esperable en un Estado de derecho. Por supuesto que él como ciudadano y la afectada por el reportaje de N+, en este caso la senadora Julieta Ramírez, tienen todo el derecho a pelear en tribunales si tienen pruebas para desmentir el contenido y a exigir que tanto el periodista como el medio restauren el honor e incluso que paguen una multa por haber cometido el delito de difamación, si así lo determina un juez. 

Tercero. Lo que es sujeto de debate y, en todo caso de juicio, es el contenido, en este caso si el documento que se exhibió en el medio y se atribuyó a la senadora Ramírez es falso o fue manipulado de alguna manera. Sin embargo, en ningún momento, ni en el post ni en la carta de disculpa pública al periodista Enrique Acevedo, se hace mención del contenido del reportaje, solo se dice ofendido por la amistad que le merece su compañera senadora.

Finalmente, este tipo de reacciones son producto de un ambiente de persecución sistemática desde la Presidencia de la República a periodistas. Es una buena señal que se haya anunciado el fin del segmento llamado Derecho de Réplica donde desde la consejería jurídica de la presidencia se acusaba a periodistas, pero me temo que la cancelación no es un cambio de política en lo referente a la relación con los medios que no aplauden, sino que el segmento de Luisa María Alcalde murió de inanición, por aburrimiento y falta de audiencia. La reacción de la Presidenta Sheinbaum no fue condenar a su compañero por el post, sino, una vez más, ir, desde el puesto de poder más importante de este país, contra medios y periodistas y no a debatir el contenido.

La amenaza no es, pues, un problema solo de formas, como lo han querido manejar, es de fondo: lo que está en juego es la libertad de expresión de los periodistas, sino de todos los ciudadanos.

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