Martes, 06 de Octubre 2026

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El caudillismo de la izquierda latinoamericana

Por: Diego Petersen

El caudillismo de la izquierda latinoamericana

El caudillismo de la izquierda latinoamericana

Lo más sencillo será siempre culpar al otro, al fantasma y al complot que, como dijo Umberto Eco, nos libera de toda responsabilidad y nos evita pensar. La derrota de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil -ya perdió las cámaras y es prácticamente seguro que en tres semanas pierda la presidencia- tiene muchas explicaciones, es, por supuesto, multicausal y obliga a la izquierda latinoamericana a revisar sus errores.

La polarización, el ascenso de la derecha en Latinoamérica y la influencia del trumpismo en las elecciones son, sin duda, factores que ayudan a explicar el resultado en Brasil y, antes, en Colombia y Chile. Quedarse ahí, plantear el complot como explicación, tal como lo hizo la Presidenta Sheinbaum en la mañanera de ayer, es reduccionista y poco digno de alguien que presume su formación científica, pero, sobre todo, es inútil cuando se trata de entender procesos políticos.

Son muchos los factores que explican un resultado como el del domingo en Brasil. Visto desde fuera, es difícil entender que un junior ausente de méritos políticos esté a solo tres puntos de conseguir la presidencia de una de las diez economías más grandes del mundo. Una de las explicaciones que se ha puesto sobre la mesa es el crecimiento de los movimientos evangélicos cercanos al conservadurismo y propagadores de una teología de la prosperidad afín al discurso de la extrema derecha. Otra, sin duda, es el cansancio de la clase media urbana frente a políticas públicas poco eficientes. Hay una más que habría que poner sobre la mesa: el caudillismo de la izquierda latinoamericana.

Si algo hay que aprender del triunfo de la extrema derecha en Argentina y Brasil es la incapacidad que tuvo la izquierda en esos dos países de generar cuadros que le dieran solvencia política. En Argentina fueron los Kirchner: primero Néstor, luego Cristina, su esposa, y al final ella misma por interpósita persona, quienes se perpetuaron en el poder. En Brasil, Lula fue incapaz de generar liderazgos alternativos. Él mismo opacó a Dilma Rousseff, su sucesora, que tuvo que tragarse toda la corrupción y la debilidad de las finanzas de los dos primeros periodos de Lula -cualquier parecido con lo que sucede en México es mera coincidencia- y, en esta elección, busca la Presidencia por cuarta vez. En este largo periodo, desde que el PT ganó por primera vez la presidencia en 2002, no permitió que ningún liderazgo creciera a su sombra. Hay otra izquierda, antidemocrática, dictatorial e igualmente caudillista, que sobrevive en Cuba y Nicaragua, ambas dictaduras en franca decadencia, más allá de la presión estadounidense.

En México, Morena ha sido incapaz de superar al caudillo y este no quiere que nadie lo sustituya. La última aparición, a propósito de otro libro más, es una clara señal de que el caudillo no quiere soltar el poder.

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