Los morenistas nunca pierden y, cuando pierden, arrebatan. En el escándalo de corrupción del INE, Morena y, en particular, la Presidenta han cambiado el guion marcado por López Obrador para tratar de salir lo menos raspados posible del escándalo de corrupción más evidente y sonado desde el de la Casa Blanca, cuando la entonces primera dama, Angélica Rivera, exhibió impúdicamente en una revista de sociales una mansión que no era otra cosa que la mochada de la empresa constructora favorita del sexenio de Peña Nieto.Lo interesante del caso Taddei es que, después de lo que hemos oído y visto en los videos, los morenistas ya no pueden argumentar que no son iguales, por lo que ahora han pasado al ataque con un argumento poco inteligente: sí, somos corruptos, pero los de antes también lo eran.La decisión de la Auditoría Superior de la Federación, siguiendo el guion dictado desde la mañanera, de investigar las compras de los últimos 25 años del Instituto Electoral no solo es absurda, sino inútil, pues se trata de administraciones ya auditadas y, en caso de que encontraran algo, lo más probable es que fueran delitos ya prescritos. A ellos les da igual: cualquier pelo en la sopa les servirá para decir que antes también hubo corrupción, que los ex presidentes eran iguales.Y no, no eran iguales. No se trata de meter las manos al fuego por ninguno de ellos, sino de entender lo que era distinto en el maléfico pasado: había un órgano colegiado y un esquema de transparencia que evitaban que un acto de corrupción del tamaño de lo que estamos viendo se perpetuara y, sobre todo, que hiciera tanto daño a la institución.Qué bueno que investiguen y, si encuentran algo, que nos lo digan. Porque en el servicio público no basta con decir que se tiene la conciencia tranquila, que era el mantra de Andrés Manuel, o que el mundo los persigue en un gran complot, como sostiene su hijo del mismo nombre, que por algún extraño motivo se cree importante. NoMeDiganAndy ya habla del “legado de su familia” y no solo del de su padre, como si alguno de los hijos hubiera hecho algo.En lo público hay que rendir cuentas de los actos. De eso nadie debe escaparse.El cambio del discurso de la superioridad moral, tan pregonado en el sexenio anterior, por el de la perversidad equiparada que hoy repite la Presidenta Sheinbaum en cada mañanera es una clara muestra del deterioro del régimen de la 4T y de lo peligroso que es un gobierno, del color que sea, que no tenga contrapesos.Que nadie tenga dudas: si Taddei y compañía hicieron lo que hicieron, fue gracias a las reformas legales que se lo permitieron.