Miércoles, 02 de Septiembre 2026

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Un ritual desgastado y hueco

Por: Diego Petersen

Un ritual desgastado y hueco

Un ritual desgastado y hueco

Los rituales son fundamentales para la vida comunitaria, son nuestros asideros para marcar lo permanente y los momentos de cambio. Su repetición constante nos da certeza frente a las amenazas externas. La misa, para hablar del ritual más conocido para los mexicanos, está absolutamente normada, todas son iguales, y ninguna se parece a otra. Cuando el cura es aburrido y desganado, la mata. Por el contrario, cuando la misa es solemne, el coro es bueno y la iglesia espectacular, hasta al más descreído se le enchina el cuero.

Los rituales políticos son iguales. Un informe de gobierno puede ser más aburrido y plano que una misa de pueblo, como el de Claudia Sheinbaum de ayer, o emotivo y trepidante, como el famoso VI Informe de José López Portillo, donde, a pesar de las cosas terribles que ahí anunció, conozco quienes lloraron con el presidente cuando dijo “ya nos saquearon, no nos volverán a saquear”.

Para bien y para mal el ritual del informe presidencial ha ido perdiendo fuerza. Nadie extraña los fastuosos “días del presidente” de la época priista, pero fue un gravísimo error del panismo haberlo sacado de la catedral de la república, la sede de la Cámara de Diputados. El informe dejó de ser el acto republicano por excelencia para convertirse en una burocrática celebración del presidente con sus invitados, con los suyos. Tan fue así, que lo más destacado en medios fue la frase “que nadie se equivoque, aquí no hay divisiones”, como si lo importante para el país es lo que sucede en Morena o la relación de la Presidenta con el ex presidente López Obrador y sus hijos.

El rito representa al mito, o en palabras de Durkheim, el rito es la representación práctica del mito. El rito de los informes, particularmente el del presidente de la República, representa la obligación, la sumisión del Poder Ejecutivo frente al pueblo soberano, personificado por el Congreso de la Unión, que son los representantes populares, los diputados, y los representantes del pacto federal, de los estados, los senadores. Ayer, como ha sido costumbre en las últimas dos décadas, la Presidenta rindió su informe ante los representantes burocráticos de los poderes y ante “sus invitados”, que no son otra cosa que los poderes fácticos. Fue un informe palaciego, de lo que pasa en Palacio y para los que tienen acceso al Palacio. El pueblo, lo que se llama el pueblo, no estaba ahí.

Recuperar la vida republicana pasa, entre otras cosas, por darle vida a los rituales de la República. No es la solemnidad lo que importa, sino el acto de rendición de cuentas y eso es lo único que nunca han sido los informes.

diego.petersen@informador.com.mx

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