En 1952, Festinger, Pepitone y Newcomb acuñaron el concepto “desindividuación” que se entiende como ese proceso en donde las personas se unen a las masas o las multitudes y pierden el propio sentido de identidad personal para dejarse llevar por lo colectivo a través de impulsos y acciones desinhibidas. Desde la perspectiva de la psicología social, eliminar tu identidad personal para unirte a la multitud, atraviesa por una pérdida de inhibición moral y social, así como pérdida de responsabilidad; cosa que lleva a las personas a realizar actos que jamás hubieran imaginado hacer. Una persona que pierde su identidad personal y se une a la masa lo hace desde el anonimato y el contagio emocional, imitando la mentalidad de rebaño; se vuelve parte de una entidad irracional. Lo que hemos visto en México a partir del Mundial es justo ese proceso de desindividuación que poco a poco se ha vuelto peligroso. El pasado martes, en medio de los festejos por el triunfo de la Selección Mexicana contra Ecuador en el Ángel de la Independencia, la autoridad dio cuenta de más de un millón de personas reunidas en ese polígono. Cuando ves tanta gente reunida, sabes que algo malo puede suceder y ocurrió, cuatro personas muertas por asfixia y decenas de heridas. Las multitudes pueden ser capaces de enormes irresponsabilidades y en el futbol, han ocurrido al menos tres eventos internacionales que dan cuenta de ello. El primero fue en 1964, un evento posterior a un partido que gracias a la represión policial generó estampidas de personas huyendo y provocando personas heridas. En 1985 se da cuenta de la tragedia de Heysel cuando un enfrentamiento entre hinchas (aficiones) provocó el colapso de una pared generando pérdida de vidas. Y en 1989, el llamado desastre de Hillsborough cuando una avalancha humana también dio cuenta de una tragedia con muchas personas muertas. La gran pregunta después del martes es ¿cómo controlar a las multitudes en espacios abiertos?, ¿qué se habría podido hacer para controlar a más de un millón de personas en las calles de la Ciudad de México con ese sentido de multitud irracional? Algunas personas expertas coinciden en que la estrategia se puede dividir en tres momentos: prevención, sectorización de los espacios y coordinación entre diferentes niveles; pero al mismo tiempo señalan que en espacios abiertos, estas estrategias tienen pocas posibilidades de ser exitosas porque impiden controles a través de vallas o filtros de revisión que a todas luces resultarían insuficientes. De todo ha pasado en las calles de las diferentes ciudades del país que festejan apasionada e irracionalmente los triunfos de la Selección Mexicana. Hablar de esas cuatro personas asfixiadas es un hecho que no se puede repetir. La asfixia por aglomeración ocurre cuando cinco personas se encuentran en un metro cuadrado y no pueden caminar, cuando el aceptable es dos personas por metro cuadrado con capacidad de movimiento. Lo que nadie vio a lo largo de todo el circuito de festejo en la Ciudad de México, fueron suficientes puntos de atención y emergencia. El plan central no es colocar más pantallas a lo largo de la ciudad con grupos musicales como estrategia de dispersión, tendría que ser mucho más ambicioso.Importante es también señalar que la dinámica de las multitudes tiende a magnificar prejuicios, estereotipos y sentimientos nacionalistas profundos mediante el comportamiento de enjambre articulado por un repetido llamado a reunirse en ciertos espacios emblemáticos a través de la publicidad y la comunicación. Hay que aceptarlo, la frase “Y si sí” ha sido maravillosa (suena mejor que “si se puede”), pero es más que un sentido de esperanza y una actitud, fue una pregunta tan replicable en todo el país, que al mismo tiempo aportó a ese llamado repetitivo de aglomerarse en multitud. Los memes y los videos generados con inteligencia artificial han sido, además de graciosos, una herramienta de “ingeniería social” capaz de movilizar a las multitudes. En México, multitud e irracionalidad se han unido más allá de las tonalidades emotivas y festivas que tanto merecíamos. La Selección Nacional nos ha dado enormes motivos para sentirnos orgullosos y felices y que debemos agradecer. En el partido de mañana contra Inglaterra, tendremos que ser capaces de demostrar civilidad y conciencia. Es posible soñar juntos y ser mejores en colectivo y nunca más hacerlo desde los márgenes. Hagámoslo con responsabilidad. Si la autoridad indica que los espacios están llenos, no se arriesgue. Volvámonos responsablemente alegres y felices pase lo que pase, porque desde ya, México entero construyó historia a nivel mundial. Que esa historia termine siendo feliz y no trágica.